La industria láctea santafesina atraviesa una situación paradójica: mientras el país aumentó un 10% en producción el año pasado —el mayor crecimiento del mundo en el sector— dos de sus empresas emblemáticas, Sancor y Lácteos Verónica, acumulan deudas impagables, plantas paradas y centenares de empleados sin cobrar. Así lo describió Pedro Morini, secretario de la Mesa de Productores Lácteos de la provincia de Santa Fe, en una entrevista con La Mañana UNO en la que también se refirió a la llegada de capitales extranjeros y a los desafíos que se avecinan.
Producción récord y empresas al borde del colapso: la paradoja de la lechería en Santa Fe
Sancor y Lácteos Verónica atraviesan una crisis profunda en medio de un escenario nacional de expansión y llegada de capitales extranjeros
Sancor y Verónica: dos casos sin salida visible
Para Morini, la situación de Sancor no es nueva. "Cuando yo era secretario de lechería, Sancor ya había tenido un gran problema financiero y pasaron muchos años en la misma situación", señaló. A su criterio, la empresa acumula una deuda y una historia de dificultades que la hacen inviable, y sostuvo que "en algún momento hay que ponerle punto final" a una agonía que se prolonga con empleados trabajando bajo condiciones precarias.
El caso de Lácteos Verónica es igualmente grave. La empresa tiene sus plantas cerradas, sin recibir litros de leche, con alrededor de 700 empleados reclamando salarios atrasados y productores con deudas de entre 150 y 250 millones de pesos sin cobrar. "No veo viabilidad si la empresa no se vende", afirmó Morini, y advirtió que las plantas paradas se deterioran rápidamente: "Día que pasa, día que se deterioran."
Parte del problema estructural de estas empresas, explicó, es el exceso de personal respecto al volumen procesado. "Lo óptimo es 7.000 litros de leche por operario. Una empresa con 700 empleados tendría que estar operando al menos 3,5 millones de litros diarios, y no era así", precisó.
Nuevos dueños, transición tranquila
En contraste con esas crisis, Morini destacó que otros segmentos del sector funcionan bien e incluso anuncian inversiones de 10 y 15 millones de dólares. El desembarco del Grupo Gloria —conglomerado peruano que compró el 80% de Saputo— y la adquisición de Ilolay por parte del Grupo Sabencia transcurrieron sin sobresaltos: los productores se enteraron por los medios, los camiones comenzaron a circular con nuevas marcas, pero nadie dejó de pagar.
"Que el grueso de la leche hoy esté en manos de empresas extranjeras no me preocupa", aclaró el dirigente. "En definitiva, si la llevan la van a pagar, y si la industrializan, mejor."
El precio estancado y la amenaza del pico de primavera
Uno de los problemas más urgentes para el sector primario es el congelamiento del precio al productor. Hace siete u ocho meses que los tamberos cobran prácticamente lo mismo: entre 470 y 490 pesos por litro, con aumentos que no superaron el 1 o 2%. "El productor no está recibiendo parte de la renta que genera su materia prima", señaló Morini, y comparó: mientras lo razonable sería que el precio se triplicara entre el tambo y la góndola, actualmente se multiplica por cuatro y hasta por cinco.
A ese escenario se suma una amenaza que Morini proyecta para septiembre: un pico de producción impulsado por las abundantes lluvias, los silos cargados de maíz y la alfalfa disponible. La producción podría superar en un 10 o 15% la del año pasado, pero la industria no tiene capacidad operativa para absorberla. Los secaderos de leche en polvo de Verónica están comprometidos por los conflictos laborales, y el de Sancor opera con dificultades. Sin esos spray, secar y exportar el excedente se vuelve casi imposible.
Exportaciones y acuerdos internacionales: promesa a largo plazo
Consultado sobre los acuerdos comerciales con la Unión Europea y los Estados Unidos, Morini fue cauto. Reconoció que las condiciones macroeconómicas son favorables —sin retenciones, con libertad de exportación y más de 90 mercados abiertos— pero advirtió que un mercado abierto no es un mercado comprador. "Hay que conquistarlo", dijo, y estimó que penetrar masivamente en la UE demandaría entre tres y cuatro años de adecuaciones productivas e industriales.
Como referencia de lo que Argentina podría llegar a ser, citó a Nueva Zelanda: una isla de superficie similar a una provincia argentina que produce 22.000 millones de litros de leche al año y exporta el 95%. "Argentina está para producir el doble. Si tuviéramos políticas más agresivas de exportación, podríamos ser uno de los cinco grandes jugadores globales del sector", afirmó.
















