Gabriela R. Albanesi
Resistir al dolor del día después
Diario UNO de Santa Fe
En un segundo, en solo un instante, se les truncó la vida. En todos los casos ese final fatal se podría haber evitado. En algunos primó la distracción, en los más graves la desidia y el desinterés por la vida humana. Sus familiares y amigos los perdieron para siempre, pero siguen adelante luchando contra el dolor diario, contra la impunidad de los culpables y por una sociedad más consciente de la responsabilidad colectiva que implica el tránsito. Las cifras por accidentes viales en el país, en la provincia y en la ciudad aumentan de manera concatenada.
Los esfuerzos por incrementar los controles vehiculares se multiplican, pero siempre quedan lejos del crecimiento del parque automotor y de motos. Según las últimas cifras de la Asociación Civil Luchemos por la Vida, en los últimos 15 años los accidentes de tránsito se cobraron en Argentina 112.275 vidas, un promedio de 21 muertes diarias y de esta manera se convirtieron en uno de los principales problemas de salud pública. Para esta edición aniversario, Diario UNO rescató tres historias locales de accidentes viales con gravísimas consecuencias para sus víctimas directas y para sus familias.
Las críticas al sistema judicial, por su lentitud operativa, se sumaron a las opiniones sobre falencias de la legislación que rige la materia. Como contrapartida, se rescató la solidaridad de quienes ayudaron en la urgencia y de quienes valientemente prestaron testimonio para colaborar en la resolución de los casos.
A cuentagotas
El 19 de septiembre, Emanuel Contini hubiera cumplido 21 años, tenía 17 cuando fue embestido por un auto cuando caminaba con un grupo de amigos a buscar un taxi por la banquina de la avenida Ejército Argentino, en Santo Tomé. El accidente fue el 26 de junio de 2010, y desde entonces su mamá, María Cristina Ríos, lleva adelante dos luchas paralelas. Una de ellas en los tribunales provinciales, en la causa que inició contra el joven que conducía el vehículo, Nicolás Musuruana, quien es investigado por lesiones graves y homicidio culposo. La otra lucha es de concientización social, con charlas de educación vial y de participación política, para que la legislación que rige la materia de accidentes de tránsito sea actualizada y se reconozcan como siniestros.
A esta última batalla, la da desde la organización Un Amigo es un Ángel, que formaron los amigos de Emanuel, tras el accidente. “Más allá de los informes técnicos del juicio por la muerte de Emanuel, hay cuestiones de sentido común: los chicos iban caminando y hay un choque con heridos y un muerto. ¿Cómo puede ser que no haya nadie imputado? Esta situación, se repite en la mayoría de los casos. La gente muere y nadie va preso. Por eso estamos reclamando el cambio en la ley, para que se los reconozca como delitos viales. Si pasás un semáforo en rojo, si manejés en estado de ebriedad, ésos no son simplemente errores. Y un siniestro vial no discrimina entre ricos, pobres, color de piel ni religión. Son muertes a cuentagotas. Si se cayera un avión con 600 personas, sería un escándalo. Pero por mes en Argentina mueren muchas más personas en accidentes viales, y sin embargo no hay respuestas políticas”, expresó Cristina Ríos.
El 13 de mayo pasado, Jésica Vivas, una joven santafesina de 21 años oriunda de barrio Los Hornos, sufrió un accidente fatal cuando volvía a su casa con un amigo, José Molinas (27). La muerte la encontró sobre Bulevar Gálvez, en la intersección con Sarmiento, cuando el VW Gol que conducía Molinas fue impactado de atrás por una camioneta Caddy blanca, guiada por Pablo Vallejos, de 35 años.
“Con las pericias quedó comprobado que los dos conductores venían corriendo una picada. Las imágenes de la cámara de seguridad de un negocio muestra muy clarito cómo fue el accidente. Pero ninguno de los dos fue indagado todavía. El chofer de la camioneta incluso dobla en contramano y se escapa cuando ve el choque. Ni siquiera se quedó a llamar una ambulancia. Quien nos ayudó fue un taxista, que vio cómo fueron los hechos, y tuvo la valentía de prestar testimonio. Se me acercó en una marcha, que organizamos para pedir testigos. Me contó que su hermano murió en un caso similar y que para él esta situación era revivir su propia pérdida, pero que no podía dejar de colaborar. Esos gestos de solidaridad, son los que no te dejan caer”, contó la mamá de Jésica, Liliana Gonzales.
El lentísimo proceso judicial
Ya pasaron tres años de la fatídica mañana del 22 de agosto de 2009, cuando Belén Luna, Valentina Bar y Victoria Gastaldi volvían de bailar en un taxi que, en la intersección de 25 de Mayo y La Rioja, fue embestido por un auto, cuyo conductor pasó el semáforo en rojo, a exceso de velocidad, con grado de alcoholemia positivo, sin carné de conducir y sin seguro. El taxi chocó contra la farmacia de la esquina, y Belén salió despedida. Para ella, el accidente fue fatal. Con el tiempo que pasó, Victoria y Valentina pueden hablar del accidente de manera más tranquila, pero las ideas y los cuestionamientos que tuvieron en aquel momento, se sostienen. “No hay normas que alcancen ni que sirvan de prevención si no se cumplen. Hay un grado de intolerancia muy profundo en el tránsito y los controles no son suficientes.
Cuando salimos a bailar, nosotras tratamos de organizarnos para volver en auto con alguien conocido, pero si vemos que toman alcohol, preferimos subirnos a un taxi, aunque eso significa revivir todo lo que pasamos”, contó Valentina. Y Victoria cuestionó el lentísimo proceso judicial: “Pasaron más de tres años y hasta ahora nunca pudimos declarar como testigos. Yo no entiendo qué puede estar esperando el juez. ¿Qué pruebas le falta? Cometió todas las infracciones habidas y por haber y sin embargo está libre, mientras que a Belén, nosotras la perdimos para siempre”.















