En el mejor momento de Unión, Sebastián Méndez pegó el portazo y la incertidumbre se apoderó del mundo rojiblanco. El Gallego dejaba al equipo luego de golear a Independiente 3-0 y jugando el mejor partido del torneo. Por lo cual, la vara estaba alta y el DT que llegara tenía una responsabilidad mayúscula.
El mérito del Kily González para que Unión termine el torneo de pie
José Busiemi / UNO Santa Fe
El Kily González fue importante para imprimirle su sello a Unión y mantenerlo como un equipo competitivo.
Los dirigentes se movieron rápido y se decidieron por el Kily González, un DT que solo había dirigido a Rosario Central, pero que tenía como principal capital, el de promover muchos jóvenes. Y teniendo en cuenta el plantel de Unión, la apuesta parecía lógica.
Seis partidos después, el balance es positivo, más en lo futbolístico que en lo numérico. El entrenador en poco tiempo logró darle una identidad al equipo, más allá de sus limitaciones. Y Unión terminó el torneo de pie, siendo muy competitivo y jugándole de igual a igual a los rivales.
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Incluso en un par de partidos terminó siendo perjudicado por el VAR, como por ejemplo el gol anulado a Claudio Corvalán ante Boca y el grosero penal que cometió el defensor de Vélez Lautaro Giannetti, tomando el balón con las dos manos. Dos partidos en los que el Tate, mereció más y no terminó sumando los tres puntos por fallos arbitrales.
Mientras que contra Talleres en Córdoba, hizo un buen partido, sin ser superado por el subcampeón del fútbol argentino. El único partido que perdió fue ante Atlético Tucumán en el debut de Cristian González quien apenas había dirigido dos prácticas. Por lo cual, ese partido, podría quedar al margen del análisis.
Unión finalizó la competencia, cosechando un invicto de cinco partidos y todos ellos con la valla invicta. Un dato a tener muy en cuenta, pensando en lo que viene. El equipo logró equilibrio y solidez de mitad de cancha hacia atrás y eso también es mérito del cuerpo técnico.
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La intensidad con la que juega el Tate es fundamental para neutralizar a los rivales. Y la realidad indica que en todos los partidos mencionados, a Unión prácticamente no le patearon al arco. Lo que sin dudas resulta un gran mérito, no solo del bloque defensivo, sino de todo el equipo.
La presión y la intensidad de Unión comienza a partir de sus delanteros que no dejan de correr para recuperar el balón e impedir la salida limpia del equipo rival. La sensación es que en el Tate el que no corre no juega y la actitud no se negocia. Puede jugar bien, mal o regular, pero sin dejar de batallar.
El Kily les transfirió a sus jugadores el ADN que él mostraba como futbolista. Unión juega, como lo hacía González, si se lo compara respecto a la actitud para afrontar los partidos. Con mucho para mejorar, lo cierto y concreto es que el entrenador supo llegarle al plantel y eso se evidencia dentro de la cancha.














