El debut de Unión en el Torneo Apertura terminó siendo una fotografía bastante fiel de lo que fue el cierre de 2025: un equipo confiable en su estructura, disciplinado en su plan, pero limitado cuando debe salirse del molde para lastimar.
Unión fue fiel a su idea, pero volvió a chocar con sus límites
El 0-0 ante Platense dejó señales conocidas en Unión: solidez y orden táctico, pero escasa creatividad para romper un partido que pedía algo más.
Por Andrés Marenoni
Prensa Unión
El empate 0-0 ante Platense en el 15 de Abril dejó sensaciones encontradas. El punto suma, pero sabe a poco, sobre todo por el contexto: el Tatengue mantuvo la base y el entrenador, mientras que el Calamar recién empieza a construir su proyecto con Walter Zunino al mando.
Un arranque lleno de dudas en Unión y un arquero que dio tranquilidad
Los primeros minutos fueron desconcertantes. Unión entró impreciso, desordenado, y allí emergió la figura de Matías Mansilla para evitar que la noche empezara cuesta arriba. El arquero respondió con seguridad en las pocas situaciones claras que tuvo Platense y, con el correr de los minutos, transmitió la serenidad que el equipo necesitaba para acomodarse.
Después de ese sacudón inicial, el Tatengue casi no volvió a sufrir. Cada vez que el rival insinuó algo, Mansilla resolvió con sobriedad. Su estreno no solo fue convincente, sino que además recibió el respaldo público de Leonardo Madelón, un detalle que refuerza la confianza en un puesto sensible.
La defensa se acomodó y terminó siendo punto alto
Tras el comienzo dubitativo, la zaga encontró firmeza. Maizon Rodríguez tuvo un rendimiento sobresaliente, imponiéndose en los duelos y mostrando personalidad, mientras que Valentín Fascendini acompañó con seguridad y buena coordinación. Con el paso de los minutos, ambos se complementaron mejor y cerraron una tarea sólida.
Por los costados, el partido ofreció matices. Lautaro Vargas estuvo condicionado por la presencia de Juan Gauto en su sector y casi no pudo proyectarse con claridad. Mateo Del Blanco, en cambio, fue creciendo y terminó firmando una muy buena actuación, incluso participando en la jugada más clara del final. Su rendimiento se dio en medio de rumores de posibles ofertas, lo que podría haber sido una de sus últimas funciones con la rojiblanca.
Pittón, eje y equilibrio; Profini, correcto pero con otro perfil
En el medio, Mauro Pittón fue el sostén futbolístico y anímico. Ordenó, recuperó y también se animó a jugar, cumpliendo un rol de ida y vuelta indispensable. A su lado, Rafael Profini aprobó el examen desde el esfuerzo y la disciplina, aunque quedó claro que su perfil es distinto al de un volante de mayor juego, algo que en el sistema de Madelón suele ser clave. No fue casual ver al DT pidiéndole que se animara a soltarse un poco más.
Las bandas, otra vez el gran déficit del Unión de Madelón
Donde Unión volvió a tropezar fue en los extremos. Julián Palacios y Franco Fragapane tuvieron una noche opaca, sin peso en el uno contra uno ni profundidad para desbordar. La falta de desequilibrio por afuera hizo que el equipo se volviera previsible, lateralizando sin sorpresa y facilitando la tarea defensiva de Platense. Ambos terminaron reemplazados, reflejo de una búsqueda que sigue sin respuesta clara.
En ese contexto, crecen las expectativas por el regreso de Augusto Solari y el debut de Brahian Cuello, además de la prometedora aparición de Misael Agurre, que dejó indicios interesantes en su estreno.
Entrega arriba, pero poca eficacia
En ofensiva, Agustín Colazo luchó cada pelota, se movió por todo el frente de ataque y tuvo la más clara de cabeza, aunque la definición no lo acompañó. Cristian Tarragona, en cambio, fue una de las figuras: participativo, solidario y siempre dispuesto a jugar de espaldas para que el equipo avanzara. Su entendimiento con Marcelo Estigarribia, que ingresó y mostró buen tono físico, puede ser una sociedad a explotar.
Desde el banco, Nicolás Palavecino aportó frescura y dinámica, aunque también cargará con la imagen del gol increíble que desperdició en el cierre, tras una gran combinación entre Del Blanco y Bruno Pittón.
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Unión fue Unión. Respetó a rajatabla el libreto de Madelón: orden, compromiso, líneas juntas y seguridad defensiva. En ese sentido, el plan funcionó. Pero cuando el partido pidió imaginación, desequilibrio y rebeldía para romper el molde, el equipo volvió a mostrar las mismas limitaciones que arrastra desde hace meses.
La falta de frescura en los últimos metros, la escasa capacidad de sorpresa y la previsibilidad en ataque ya no parecen accidentes, sino rasgos estructurales. En casa, donde suele enfrentar rivales replegados, esa carencia se potencia y transforma el dominio territorial en una posesión estéril.
El debut dejó luces claras —Mansilla, la zaga, Pittón— pero también sombras persistentes. Unión sigue siendo un equipo confiable, pero le cuesta ser un equipo peligroso. Y en un torneo donde los detalles marcan diferencias, esa frontera puede ser decisiva.
















