El Mundo

Por qué después de 16 años de progresismo, Brasil puede girar a la ultraderecha

¿Qué razones movilizan a los partidarios del candidato ultraconservador Bolsonaro a votarlo en las elecciones de este domingo?

Sábado 06 de Octubre de 2018

Era el 1 de enero de 2003. Luiz Inácio Lula da Silva asumía el poder en Brasil y casi en el inicio de su mensaje de asunción arrancaba los primeros aplausos del público al resaltar la decisión de su pueblo de superar los prejuicios y optar por el primer presidente obrero de la historia de su país. La nación más poblada de Sudamérica, que por entonces celebraba poco más de una década de democracia, giraba así hacia el progresismo e inauguraba una era de mandatarios de ese signo que se extendería a Argentina y Uruguay, entre otros.

Hoy, casi 16 años después, ese mismo país parece dispuesto a cambiar radicalmente el rumbo y dar un vuelco hacia la ultraderecha, representada en este caso por Jair Messias Bolsonaro, diputado federal y ex militar reconocido por su postura nacionalista y conservadora, su reivindicación de la dictadura y autor de frases muchas veces cargadas de racismo y homofobia. Ese mismo al que pocos tomaban en serio hace solo un puñado de meses y al que un atentado en medio de la campaña pareció potenciar aún más su candidatura presidencial para quedar, según las encuestas, a un paso de llegar al Palacio de Planalto.

¿Por qué?

“La candidatura de Bolsonaro es una manifestación de la clase media brasileña. Es una posición esencialmente anti sistema político, al que la gente vincula con la corrupción. Y también es anti PT (el Partido de los Trabajadores, de Lula), al que identifican como el causante de la recesión económica y al que le otorgan la principal responsabilidad en lo que se refiere al Lava Jato”, señala el analista internacional Jorge Castro en diálogo con A24.com.

Además, agrega dos datos que muestran que un sector clave del poder económico y hasta de la religión son dos de los pilares que sustentan el liderazgo en las encuestas de este ex capitán del Ejército. “La última semana ocurrió algo de extrema importancia: el frente agrario brasileño, que tiene 265 diputados y senadores en el Congreso, ha dado el respaldo explícito y formal a su candidatura. Y por otro lado, también es un hecho que las iglesias evangélicas brasileñas y sus comunidades están respaldándolo activamente”, apunta Castro. Para graficar este último punto, vale un dato: se estima que casi un 30% de la población profesa este credo.

La opinión del analista argentino coincide en parte con la de Juremir Machado, periodista, historiador y doctor en Sociología, quien desde Porto Alegre explica lo que denomina la “Bolsonarización” de Brasil y ahonda en el perfil de un votante que hasta ahora parecía mantenerse en las sombras y que encontró motivos par abandonarlas.

“Bolsonaro ‘entusiasma’ porque además de presentar un discurso contra la corrupción, de mostrarse como antisistema, logra penetrar en un imaginario muy fuerte de extrema derecha del país que estaba medio guardado en el armario y que salió a luz. Es la gente que está cansada de homosexuales, de mujeres empoderadas, de indios con tierras, de afroadescendientes conquistando su espacio. Es el conservadurismo que se sintió seguro para salir a las calles y que quiere la vuelta de los militares mediante el voto. Ese aspecto es fundamental”, afirma.

Por su parte, Everton Rodrigo Santos, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad Feevale y en Universidad Luterana de Brasil (Ulbra) le agrega otros condimentos a ese simpatizante de Bolsonaro, que se agrupa principalmente en las regiones sur, sudeste y centro-oeste del país.

“Son hombres, en su mayoría, blancos, con una ligera escolaridad e ingresos, menos dependientes del Estado. Pero sobre todo, son electores resentidos, de alguna forma, porque presenciaron en estos últimos años la pérdida de su status económico y social ante las capas sociales hasta hace poco tiempo marginadas de la población, principalmente negros, gays y mujeres”, detalla.

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