La semana pasada se llevaron a cabo las elecciones para el parlamento europeo, donde partidos de derecha obtuvieron buenos resultados y tendrán su banca en la composición más conservadora hasta el momento del congreso internacional.
Una mirada santafesina del "giro a la derecha" de Europa: "Inmigración y economía fueron el combustible"
El director de Política Internacional de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), Juan Pablo Jullier, subrayó que "no todas las posiciones son extremas"
Por Rubén Sánchez
Las elecciones al parlamento europeo consolidaron un "giro hacia la derecha".
En casos como el de Francia, el presidente Emmanuel Macron adelantó las elecciones en su país tras los malos resultados, para buscar reafianzar su gestión ante el triunfo de la Agrupación Nacional liderada por Marine Le Pen.
UNO Santa Fe habló con Juan Pablo Jullier, director del Observatorio de Política Internacional de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), para tener una mirada especializada sobre lo ocurrido en Europa.
Elecciones en Europa
—¿En qué consisten las elecciones al Parlamento Europeo que se celebraron la semana pasada?
—La Unión Europea como bloque de integración es el más importante del planeta, que incluye a países de mucha importancia. En materia de política de integración es el ciclo más completo que tenemos, a punto tal de tener una moneda común. Junto a este proceso han desarrollado instituciones dentro de las cuales tienen un parlamento que decide la normativa común para los países miembros, y estos parlamentarios fueron los que se eligieron la semana pasada.
—A la luz de los resultados obtenidos, ¿se podría decir que Europa tuvo un giro hacia la derecha?
—Va a ser la conformación del parlamento más "derechosa", hablando mal y pronto. Tuvo un avance la derecha, pero no es tan contundente como por ahí se informó en algunos medios. Sí es cierto que han sacado más bancas y la centro-izquierda ha perdido algunas, por lo que se perfila hacia un avance de las fuerzas más de centro hacia la derecha. Es importante marcar que, dentro de ese avance a la derecha, no todas las posiciones son extremas. Hay mucha derecha tradicional, derecha conservadora. No hay que meter en la misma bolsa, por ejemplo, un derechismo libertario como el de Vox en España, junto con una derecha quizás más conservadora, como la derecha clásica que existe en Europa.
Derecha
—Entonces, ¿cómo son las derechas en los países más importantes?, ¿cuáles son las más extremas?
—El país que abrió cancha con una derecha un poco más extrema es Francia, que además ha tenido un impacto político significativo esta elección en el país porque ha obligado al presidente Macron a llamar elecciones anticipadas para el Parlamento francés. En el caso de España, tuvo Vox un tiempo vigente, pero hoy los españoles están volviendo más a la derecha tradicional, que es el Partido Popular. En Italia sí hay una gobernante de la derecha extrema que es Georgia Meloni, pero le ha pasado lo que muchas veces le pasa a los extremistas que llegan al poder: tienen que moderarse o de alguna manera recurrir el pragmatismo. Una cosa es el discurso que uno puede tener haciendo oposición o ante votaciones legislativas, y otra cosa es el gobierno, donde uno tiene que negociar y buscar acuerdos, una posición rígida no te lleve muy lejos. Y el otro país que tiene un gobierno de extrema derecha es Hungría con el primer ministro Víctor Orbán. Ahí hay una división también, porque la presidenta de Hungría, Katalin Novák, representa otra fuerza entonces también hay un contrapeso interesante. No obstante, este primer ministro ha sido bastante cuestionado por la propia Unión Europea porque ha tomado decisiones que a veces hasta rozan lo ilegal.
—¿Qué ocurre en Alemania, donde también la derecha se posicionó como primera mayoría?
—Sí, volvió a tomar un poco más de fuerza, pero el sistema político alemán –justamente producto de la experiencia del nazismo– tiene un montón de regulaciones que evitan que determinados partidos tengan un exceso de representación a nivel doméstico, por lo cual difícilmente pueden tener un exceso de representación a nivel internacional. Por ejemplo, la ley alemana limita la cantidad de bancas que pueden tener en el Congreso alemán los partidos neo nazis o cualquier partido que tenga algún tipo de plataforma de odio. La derecha más tradicional resurge porque no hay que olvidarse que Alemania estuvo muchísimos años bajo el gobierno de Angela Merkel, una política como las que ya no hay. Verdaderamente la calidad del gobierno alemán con Merkel era algo que lamentablemente no vamos a volver a tener por un tiempo, seguramente, y que obviamente en contraste, al nuevo canciller le resulta muy difícil llenar zapatos así. Entonces llega esta comparación que hacen los propios alemanes del canciller actual, Olaf Scholz, que es del mismo espacio que era el de Angela Merkel pero que no llega, lamentablemente, a ese mismo nivel. Entonces, es habitual que haya un desencanto y una vuelta hacia otras fuerzas políticas.
—¿E problema de la inmigración ilegal podría ser un factor común en estas distintas derechas?
—La falta de respuestas a la inmigración y algunas crisis económicas han sido justamente el combustible y crecimiento de estas derechas. No obstante eso, de ahí a que en el Parlamento Europeo se plasme alguna medida respecto a esto de manera extrema, sería difícil. Lo más probable es que se encare el debate en algún momento, pero veo complicado que se tomen medidas drásticas al estilo de expulsar gente o ese tipo de opciones. El parlamento se ocupa de todo lo que es regulación macro que han delegado a los países miembros de la Unión Europea. Por ejemplo, cuestiones ambientales, económicas, regulaciones en general, pero después quedan algunas cosas que siguen siendo estatales en Europa.
En América
—¿Estas elecciones de bloque internacional terminan influyendo en las elecciones nacionales?
—No necesariamente. A veces la política doméstica no va por el mismo lado que la política internacional. En España, por ejemplo, al Partido Popular le fue muy bien en las elecciones para el Parlamento Europeo y sin embargo en las últimas elecciones nacionales no le ha ido nada bien y no ha pasado mucho tiempo de eso. Finlandia tiene el caso opuesto, es un gobierno actualmente de derecha a nivel doméstico, pero la mayoría de los diputados que han entrado por ese país son de la socialdemocracia, es decir, de centro izquierda. Después está el caso francés, donde lo que suele suceder –sobre todo en países con sistemas parlamentarios donde el apoyo al parlamento es fundamental para los gobiernos–, en estas situaciones donde se pone en duda el liderazgo, suelen adelantarse las elecciones para descomprimir. A lo mejor a la fuerza de Macron, a nivel doméstico, le va bien, y se saca este problema de encima. O, de confirmarse que el partido de Marine Le Pen tiene mayor apoyo, el Parlamento y el primer ministro pasarían a ser de otro que un partido distinto al del presidente Emmanuel Macron.
—¿En América estamos viviendo nuestra propia experiencia de ultraderecha? Con casos como Javier Milei, Jair Bolsonaro y Donald Trump.
—En Latinoamérica y Estados Unidos se ha puesto en duda hasta dónde el ciclo derechista sigue, hay países que van y vuelven. Por ejemplo, en México con el triunfo de Claudia Sheinbaum se confirmaba la fuerza del Movimiento de Regeneración Nacional (MoReNa). Argentina por el momento tiene a Milei, pero nada indica que sea algo consolidado, hay que esperar los resultados de este gobierno y ver qué pasa. Nosotros venimos de dos transiciones de partido consecutivamente, otro tanto pasa en Chile pero al revés. En Brasil, Bolsonaro tuvo un solo mandato y después salió, lo mismo Trump en Estados Unidos. Diría que el único por ahora más estable es Bukele en El Salvador, pero también producto de unas reformas constitucionales extrañas donde llegó a una reelección que no estaba prevista originalmente en la constitución del Salvador. Entonces es complicado decir si hay una tendencia, es muy anticipado pronunciarse al respecto hoy.














