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Ciencia en Santa Fe: las mujeres trabajan más horas que los varones y ganan menos

Así lo revela un informe sobre usos de tiempo y brechas de género en el sistema científico y tecnológico de la provincia de Santa Fe

Martes 11 de Febrero de 2020

Un informe sobre usos de tiempo y brechas de género en el sistema científico y tecnológico de la provincia de Santa Fe revela, en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que en ese campo las mujeres trabajan más horas que los varones, pero ganan menos. El trabajo fue realizado por el ex-Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la provincia en noviembre de 2019, a cargo de Erica Hynes, hoy diputada provincial.

“Santa Fe tiene una población científica importante, tanto en Rosario como en la capital y otras ciudades donde hay actividad científica y tecnológica. Ya sea porque hay Inta o por las universidades. Comparativamente es una de las provincias con mayor densidad de científicos y científicas. En esa gran cantidad de personas hay muchas mujeres”, analiza Hynes a UNO Santa Fe.

Y agrega: “La situación es prácticamente paritaria o predominan las mujeres sobre los varones, depende de la franja etaria y la jerarquía. En algunos estratos de la actividad científica, como en becarios, es casi el 60 por ciento de mujeres. Sin embargo esto no se refleja en las carreras, en las hojas de vida de quienes hacen ciencia. Los hombres se adelantan más rápido hacia los escalones superiores y a su vez las mujeres no los alcanzan. El estrato de investigador superior del Conicet por ejemplo tiene un 25 por ciento de mujeres solamente, y eso a pesar de los esfuerzos que se han hecho para que muchas mujeres promocionen a ese último escalón, que es el más importante de la carrera científica del Conicet”.

En el informe se encontró que en el ámbito de la ciencia y la tecnología el 58 ciento de investigadores son mujeres y el 42 por ciento varones. Si bien los tiempos dedicados al trabajo remunerado son similares para ambos géneros, la dedicación al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados es desigual: en los institutos de investigación y en universidades las mujeres dan un promedio de 3 horas 22 minutos y los varones 2 horas 25 minutos.

En esta línea, existe la brecha salarial: los varones ganan un 8 por ciento más que las mujeres en los institutos y un 26 por ciento más en las universidades, en promedio de todos los cargos. En este sentido, se tiene en cuenta la doble jornada laboral que las mujeres tienen entre el trabajo remunerado y las tareas domésticas y de cuidado. Pero además, el 66 por ciento de las investigadoras en universidades debe pagar personal doméstico en comparación a un 57 por ciento en varones. Y un 15 por ciento de mujeres paga también personal que hace trabajo de cuidado, contra un 5 por ciento por parte de varones.

Asimismo, el informe da cuenta de que las mujeres planifican su maternidad o la retrasan para que no interfiera en su carrera de investigadoras, mientras que a los varones no les modifica de la misma manera la circunstancia de ser padres.

Hynes analizó: “El ámbito de la ciencia, dentro de todo, es más amigable para las mujeres que por ejemplo, el de las tecnologías. En las plataformas tecnológicas, el polo tecnológico de Rosario, el Parque Tecnológico del Litoral centro, las distintas incubadoras, centros de desarrollo que hay en toda la provincia, si uno observa la población de emprendedores tecnológicos son casi exclusivamente masculinos y recién ahora hay un poco más de mujeres en algunos emprendimientos relacionados con la biotecnología. Pero por ejemplo el campo del software es casi exclusivamente masculino y las que están, en general, son las que se dedican a tareas administrativas, de comunicación, de recursos humanos y mucho menos ingenieras, programadoras y técnicas”.

“Y eso es grave porque ahora estamos atravesando una nueva revolución industrial, y si la brecha de la industria tradicional se reproduce en la industria del conocimiento, no solo nos estamos perdiendo la oportunidad de reducir la brecha sino que estamos multiplicando esa brecha para adelante. Por eso es importante visibilizar el tema en Santa Fe y proseguir una tarea en la que la provincia fue pionera”, analizó.

El informe fue realizado por el equipo de investigación de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y tuvo como objetivo conocer cuál es la distribución entre el trabajo remunerado y la vida personal de los y las científicos y científicas, tecnólogos y tecnólogas e investigadores en la provincia de Santa Fe, y cómo esta distribución del tiempo contribuye u obstaculiza el desarrollo de sus carreras científicas.

—¿Y qué pasa en las ciencias sociales?

—Depende en cuál ciencia social. Porque uno tiene esta idea de que las ciencias sociales están llenas de mujeres, pero si se miran los datos más desagregados se puede ver por ejemplo, que en el derecho hay muchas mujeres abogadas y sin embargo en las universidades los titulares de cátedra, los abogados que se referencian en los medios, los constitucionalistas, las cortes están todavía muy masculinizadas. Lo mismo si miramos la historia, que si bien hay muchas mujeres, siguen siendo los lugares de representación simbólica o económica ocupados por varones.

"Incluso hoy el representante de las ciencias sociales en Conicet es un varón. Ahora tenemos una presidenta asignada por el presidente, la doctora Ana Franchi, pero en los electos por sus propios pares, los investigadores, que estaba hasta hace poco Dora Barrancos, ahora no hay más mujeres, solo varones. Cuesta mucho que las mujeres se destaquen o que sean destacadas por sus pares en la economía, en la historia, en las ciencias políticas”, agregó la diputada.

“Pensemos en todas las personas que son influyentes en los medios de comunicación, que son llamados como expertos o quienes están en lugares de poder o con mejores ganancias económicas porque tienen mayores subsidios o grandes salarios ya que están en los cargos más altos. En las universidades sigue siendo todavía menos del 10 por ciento la cantidad de mujeres rectoras en el Consejo Interuniversitario Nacional. Evidentemente todavía queda trabajo por hacer”.

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—Una de las cosas que muestra el informe es no solo la cantidad de tiempo en el cuidado sino también el dinero que se invierte para reemplazar esas mismas tareas. ¿Eso repercute en el desarrollo de las carreras científicas?

—Sin dudas es uno de los hallazgos más importantes que a mí me sorprendió. El sector contrata mucho cuidado en el mercado. Es decir, paga un jardín infantil o contrata niñera para cuidado en la casa. Pero no hay que perder de vista que esta encuesta se hizo sobre personas que ya son científicas o becarias. Entonces hay un montón de situaciones que no están contempladas, que son las que no lograron ingresar y en ese caso tenemos un limitante porque es un recorte de la realidad. Incluso dentro de ese universo se ven las horas de cuidado que dedican varones y mujeres a niños, niñas o las personas que están a su cargo. Sin duda las tareas de cuidado son una ocupación más que impide desarrollar trabajo para el Conicet, la universidad, o la carrera científica o tecnológica. Es uno de los principales limitantes.

“Las cosas más pedidas por las científicas son jardines infantiles en los lugares de trabajo. El Conicet actualmente tiene una política de tercerización de esto. Les paga a las becarias el jardín para que vayan a un privado y lo que reclaman las científicas en general es que haya en los campus jardines infantiles. En la UBA lo tienen y es muy demandado. La UNL lo tiene y están muy superadas las plazas por las personas que aspiran a esos lugares. Es un viejo reclamo. Es la solución óptima. Es una política cara, no se puede solucionar con pocos recursos pero le cambia la calidad de vida a las familias y permite que negocien mejor al interior de las parejas el cuidado. Y sigue siendo ser un tema de género que las abuelas, las tías, provean el trabajo de cuidado no pago”.

“Las licencias por maternidad y paternidad, es un tema normativo muy claro que actúa como barrera para la igualdad de las mujeres. Son muy desiguales”, observó.

En este punto,
el informe reveló que 70 por ciento de las mujeres tomaron licencia completa por maternidad contra el 29 por ciento de los varones que tomaron licencia completa por paternidad. Al mismo tiempo, el 46 por ciento de las mujeres planifican la maternidad contra el 30 por ciento de los hombres que planifican la paternidad.

—En cuanto a la autonomía económica, ¿qué se puede evaluar de las mujeres científicas en Santa Fe?

—Ahí también hay un dato muy importante: las mujeres en conjunto ganan menos. Hay una brecha que se puede explicar de distintas maneras: el acceso a los cargos de mayor jerarquía repercute en el salario. También hay mujeres que no logran ingresar a la carrera de Conicet, y eligen la enseñanza universitaria, pero con dedicaciones simples o semis, que son salarios mucho menores. Esos son los orígenes de la brecha.

“No por eso no terminan dedicando muchas horas igual a su trabajo académico aunque tengan dedicaciones menores. Se sabe que todo lo que es escritura de papers o lectura muchas veces se termina haciendo en la casa. Entonces están con una doble o triple jornada de trabajo y con una remuneración mucho menor. También se observa en el estudio que los varones buscan otras fuentes de ingreso para mejorar su salario a través de servicios, asesorías, trabajo en la profesión, mientras que las mujeres no. Es como que su sueldo institucional es el único que perciben porque justamente están divididas entre el tiempo de cuidado y el profesional”.

“El género masculino accede a otros ingresos que dan mayor autonomía. Mientras las mujeres están más relacionadas con el salario del recibo de sueldo institucional y el cuidado. Eso repercute en la calidad de vida. Algo que aparece interesante en el estudio también es el concepto de pobreza de tiempo. Las mujeres tienen menos minutos libres para ellas, para cuidado personal, para descanso, para ocio”.

—En Santa Fe, una chica de por ejemplo, Sastre o algún pueblo alejado de los centros urbanos. ¿Tiene las mismas posibilidad de desarrollarse en Ciencia que otra de la ciudad?

—En eso la encuesta también tiene cosas para decirnos. El estudio relevó cuales eran de primera generación de científicos o si eran hijos de científicos. Una inmensa mayoría viene de ámbitos que no tienen nada que ver con la ciencia sus padres, sus hogares. Y eso es relevante, porque muestra a diferencia de muchas otras profesiones como lo son las liberales o incluso la política, donde hay tradiciones y genealogías. En este ámbito parece estar mucho menos atado. Por supuesto que hay casos, pero son excepciones. En general en estas personas se destaca que han sido buenas estudiantes y que han tenido un incentivo para sumarse a este tipo de carrera.

“De todas maneras, si la carrera por ejemplo de Conicet está muy centrada en los méritos académicos e individuales de cada postulantes, no son las mismas las condiciones de partida de una persona que vive en un centro urbano con acceso a la educación formal y no formal a una persona que tiene menos posibilidades”.

“De todas maneras pienso que el cruce no es con la ruralidad, porque muchas escuelas rurales han dado excelentes científicos y científicas, hay muchos ejemplos en el sistema. Sino quizá tiene más que ver con la pobreza urbana, donde realmente hay jóvenes que no piensan ni siquiera en ir a la universidad, ni siquiera les aparece en su horizonte de vida y claramente están con muchísimas menos posibilidades de pensar en ser científicos”.

—Con este diagnóstico, ¿desde lo legislativo qué se puede hacer para subsanar esas desigualdades?

—Se pueden tomar muchas medidas. Algunas tienen que ver con incentivos a las empresas. Lo más difícil parece ser perforar esa caja negra y opaca que es el ámbito privado. El público es mucho más transparente y uno conoce todo lo que puede pasar ahí, los números del Conicet están disponibles online y sin embargo es mucho más difícil desde el Estado saber lo que pasa en las empresas. Y con razón pueden decir "si voy a tomar determinadas decisiones, necesito apoyo". Ahí el Estado puede tomar decisiones como con la ley de la economía del conocimiento que está próxima a rediscutirse, que aquellas empresas que tengan mujeres en sus planteles técnicos tengan algunas ventajas impositivas.

“Eso es un caso concreto de cómo nosotros en Santa Fe podemos hacer participar al sector privado de estas medidas. Uno de los ejemplos puede ser software o empleos verdes. En Santa Fe tenemos solo un 13 por ciento en empleos que genera la bioeconomía. Son los ámbitos donde hay más dificultades. Hay muchos aspectos que se pueden tratar desde lo legislativo”.

" Son déficits estructurales en nuestra sociedad y enfocar los intereses de los investigadores hacia eso puede servir para generar resultados relevantes. Por ejemplo para disminuir las violencias contra las mujeres. Ahí se puede contribuir desde las ciencias sociales, las ciencias del derecho y hasta las tecnológicas, por ejemplo de alarmas. Son acciones claves. Recientemente se entregaron becas de movilidad para científicas. Con el estudio detectamos que una de las dificultades en la carrera es el ascenso y asistir a eventos científicos es muy importante para eso. No solo para presentar sus propios trabajos sino para darse a conocer en el ámbito y construir redes. También son importantes los espacios como el Congreso de Género y Ciencia que hicimos en 2019 en Santa Fe. Estas fueron algunas acciones de políticas pioneras en Santa Fe y esperamos desde la Legislatura contribuir a que la provincia siga siendo una referencia en este tema”.

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