Santa Fe

La Fiesta de Guadalupe se vivió con todo su esplendor

La 120ª celebración congregó un importante número de fieles que a pesar de las condiciones climáticas se acercaron a venerar a la patrona de Santa Fe
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La celebración se desarrolló bajo el lema "Madre de Guadalupe, llévanos a Jesús, nuestra paz y alegría", en esta oportunidad José María Arancedo hizo hincapié en el rol de la virgen en dirigir hacia una vida llena de alegría y paz.

Tal como estaba previsto, la peregrinación comenzó a las 15.30, en medio del agite de los pañuelos de los presentes y el resonar de las campanas la imagen de la Virgen de Guadalupe abandonó el interior de la Basílica para mostrarse en todo su esplendor ante los fieles que la recibieron con cantos y alegría.

Minutos después de las 16 comenzó la misa central, presidida por el arzobispo emérito, la homilía se centró en el rol de María como madre de Jesucristo y de todos las personas que abrazan la fe.

A continuación reproducimos un fragmento del discurso que Arancedo ofreció a todos los fieles que se acercaron a celebrar a la Virgen.

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“Agradezco a Dios poder estar esta tarde con ustedes, celebrando la fiesta mayor de nuestra Madre de Guadalupe, como al señor arzobispo que me haya invitado a presidir.

Muchos recuerdos y gratitud de mi servicio pastoral en Santa Fe están presentes este día a los pies de la virgen, por eso es motivo de particular alegría en este día a la amada iglesia santafesina”.

Al respecto Arancedo hizo llegar el afecto de Sergio Fenoy quien se encuentra de viaje y lo convocó para celebrar la festividad. “Rezaremos por él a nuestra madre como él lo hace por nosotros”.

“El mayor vínculo del pastor con su comunidad se da en la oración –prosiguió. Sabemos que la virgen María no es un agregado más a la fe del cristiano, sino que ella es un momento único en ese plan que lo tiene a Dios por autor, a Jesucristo como camino y a nosotros y al mundo como sus destinatarios.

“Solo Jesucristo es el centro y la fuente de nuestra fe, es en él donde María adquiere toda su verdad y visión, por haber sido elegida por Dios para ser la madre de su hijo.

De su maternidad divina, de su casi unión como madre así la contemplamos y veneramos.

Su misión la recibe de labios del mismo Jesús cuando él le encomienda al pie de la cruz el cuidado de nosotros y a nosotros nos la señala como madre, cuando usamos el credo a través de nuestra fe confesamos esta verdad.

"Creo en Dios padre, decimos, en su hijo Jesucristo que nació de María virgen por obra y gracias del Espíritu Santo, ella como vemos es parte de nuestra fe en ese plano de Dios que tiene a Jesucristo como centro e iniciador de una vida nueva. Esta centralidad de Jesucristo siempre la debemos tener presente en nuestra fe porque es lo que María espera de sus hijos.

Hemos venido hoy peregrinando bajo el lema "Madre de Guadalupe, llévanos a Jesús nuestra paz y alegría". Esta es su misión, llevarnos a Jesús. Hoy se lo queremos agradecer y nos unimos con gozo a todas las generaciones que a lo largo de la historia la llamaron feliz por su designio de Dios”.

“¿Cual es el acontecimiento mayor en la vida de Jesús en donde él se convierte en fuente y camino de esta vida nueva que vino a comunicarnos? En su Pascua, en su muerte y resurrección, donde el señor nos dejó el sacramento de la eucaristía.

Es bueno recordar que la fiesta de Guadalupe que se realiza en el marco pascual fue una decisión pastora, para que sea un lugar de encuentro de sus hijos con los frutos de la pascua de Cristo, especialmente de los sacramentos de la reconciliación y la eucaristía.


Jesucristo, María y la Iglesia forman una unidad que define a la fe católica, dando certeza y confianza nos da María en nuestro peregrinar, no siempre fácil, donde ella sostiene nuestro caminar y esperanza.

La paz y alegría que pedimos hoy a María son signos de la pascua de Cristo, que nos habla de nuestro triunfo.

La pascua es el pasaje de la muerte a la vida, del egoísmo a la felicidad, de la mentira a la verdad, del odio al amor, ya realizado en Cristo la paz y la alegría suponen un cambio en nuestra vidas. Para esto ha venido, dijo el señor y ha dejado con su vida la posibilidad de lo nuevo, como un don ofrecido a nuestra libertad.

Dios llama pero espera que la puerta de nuestro corazón se abra para recibirlo. Este es el fundamento de la paz y alegría cristina, ellas tienen su fuente en el triunfo de Cristo, en su pascua encuentran un lugar en el corazón del hombre y la mujer que lo descubre, lo ama y lo sigue.

En este ámbito de fe y caminando junto a María podemos hacer nuestras palabras de los discípulos que al caer la tarde lo presiente y piden que se queden con ellos.

Su presencia es el comienzo de una vida nueva. La paz que trae Jesús no es ausencia de problemas, mucho menos el negarlos, cuántas veces tenemos que convivir con ellos.

Sino algo bueno que comienza en nuestro corazón y que sana sus heridas, nos da la armonía interior, nos introduce en un ámbito de verdad y justicia, de libertad y de confianza, así la paz surge de un corazón reconciliado.

Tampoco la alegría se confunde con el ruido pasajero sino que tiene raíces más profundas porque ha encontrado el sentido de la vida que ilumina el presente y brinda razones de una esperanza que sostiene el caminar, incluso en momentos de cruz, una alegría sin un horizonte de plenitud y sin un proyecto personal de realización se agota en el presente".

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