La fiesta de San Cayetano volvió a reunir este viernes 7 de agosto a miles de fieles en el santuario de Padre Genesio 1644, en barrio Guadalupe Oeste de la ciudad de Santa Fe. La jornada, marcada por las misas, la tradicional procesión y una amplia convocatoria, tuvo como lema “Enséñanos a compartir el pan y a sembrar la paz”, una consigna que atravesó la celebración religiosa y puso el foco en la solidaridad, la convivencia y el compromiso con quienes más necesitan.
San Cayetano en Santa Fe: Monseñor Matías Vecino llamó a "no ser indiferentes" ante la pobreza y pidió "compartir el pan y sembrar la paz"
Durante la misa central en el Santuario San Cayetano, el arzobispo auxiliar cuestionó la indiferencia frente a quienes viven en situación de vulnerabilidad y remarcó que la fe también implica compromiso social. El párroco Diego Sosa destacó la masiva participación y afirmó que los fieles llegan para agradecer, pedir trabajo, salud y paz.
No a la indiferencia: Monseñor Matías Vecino instó a no ignorar a quienes sufren pobreza y vulnerabilidad.
Durante la misa central, el arzobispo auxiliar de Santa Fe, padre Matías Vecino, profundizó especialmente en la dimensión social del mensaje de San Cayetano y llamó a los fieles a revisar las actitudes de indiferencia frente a la pobreza.
“Son personas, no estorbos”
En su homilía, Vecino reflexionó sobre la figura de Dios como Padre y sobre la necesidad de comprender la fe como una experiencia comunitaria.
“El Padre es rostro misericordioso, el Padre que se preocupa por nosotros, el Padre providente”, expresó. Y agregó: “El Padre que quiere darnos el Reino. Él es la fortaleza de nuestra debilidad”.
A partir del Evangelio, el arzobispo auxiliar vinculó el llamado a compartir los bienes con una invitación concreta a mirar a quienes atraviesan situaciones de necesidad. “Es una invitación a mirar al que está necesitado, que también soy yo, porque estamos diciendo que somos todos vulnerables, que somos todos pobres”, sostuvo.
En ese sentido, planteó que la solidaridad también implica aceptar que cada persona puede necesitar ayuda en algún momento, pero fundamentalmente evitar la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. “No ser ciegos frente al dolor del otro, no mirarlo y pasar de largo, o peor aún, no mirarlo”, remarcó.
Uno de los momentos más contundentes de la homilía estuvo relacionado con las personas que viven en situación de calle. “A veces el necesitado para nosotros es un estorbo, el pobre que está en la calle”, advirtió Monseñor.
Al referirse a quienes se encuentran en las calles de la ciudad, señaló: “Son personas, personas, no estorbos”.
Y dejó una de las definiciones centrales de su mensaje: “No ser indiferente, eso es lo que como cristianos deberíamos recuperar: no ser indiferentes”.
“Compartir el pan y sembrar la paz”
El arzobispo auxiliar retomó el lema elegido para la fiesta y destacó que las dos acciones propuestas —compartir y sembrar la paz— parecen sencillas, pero resultan difíciles de llevar a la práctica.
“El lema de esta fiesta es precisamente eso: ‘Enséñanos a compartir el pan y a sembrar la paz’”, expresó.
“Enséñanos a compartir el pan, a no pasar de largo”, agregó.
Para Vecino, el mensaje de San Cayetano no debe quedar reducido a una práctica individual de devoción, sino que debe traducirse en acciones concretas dentro de la sociedad.
“Hay dos acciones tan simples de hacer: compartir el pan, sembrar la paz. Parece súper fácil decirlo. Sin embargo, son tan difíciles”, afirmó.
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En esa línea, defendió el compromiso de la Iglesia con las problemáticas sociales y sostuvo que la solidaridad con las personas vulnerables forma parte del mensaje evangélico.
“Si compartimos el pan con los pobres, podemos caer en que se nos acuse de que la Iglesia está haciendo una especie de cuestión política que no deberíamos hacer, o que nos transformamos en una ONG. Pero en realidad eso es evangélico, está en el Evangelio”, manifestó.
“No puedo quedarme de brazos cruzados”
Vecino también tomó como referencia la figura de San Cayetano para explicar el compromiso que, a su entender, debe asumir la comunidad cristiana frente a las necesidades sociales.
“San Cayetano, la fe lo movió a decir: ‘Están los pobres, no puedo quedarme de brazos cruzados. No voy a solucionar el problema de todos, pero algo tengo que hacer’”, sostuvo.
El arzobispo auxiliar remarcó además que la acción de la Iglesia no se limita a la asistencia material y reivindicó el papel de instituciones como Cáritas.
“La Cáritas no es el grupito de dos o tres personas que reparten cosas. La Cáritas es esencial a la vida de la Iglesia”, afirmó.
“La peor discriminación que sufren los pobres”
Otro de los ejes de la homilía estuvo puesto en la atención espiritual de las personas en situación de vulnerabilidad.
Vecino sostuvo que la opción por los pobres no debe limitarse a la asistencia o a la búsqueda de respuestas materiales. “La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual”, afirmó.
En ese marco, planteó que la Iglesia debe ofrecer una atención prioritaria a quienes atraviesan situaciones de pobreza y cuestionó una actitud que, según advirtió, también puede aparecer entre los propios cristianos. “Nos sentimos más a gusto sin los pobres”, señaló.
Y reforzó la idea: “No sin la pobreza, sin los pobres”.
Para el arzobispo auxiliar, la fe no puede quedar encerrada en el ámbito privado, sino que debe impulsar a los creyentes a involucrarse en las problemáticas que atraviesan a la sociedad. “Nuestra fe nos empuja a ayudar a los demás”, resumió.
Diego Sosa: “Un día hermosísimo” y con mucha alegría
Por su parte, el párroco del Santuario San Cayetano, padre Diego Sosa, destacó la masiva participación de los fieles y el clima que se vivió durante toda la jornada.
“Un día hermosísimo. Después del susto de ayer, por el temporal, hoy fue realmente un día hermoso. Mucha gente durante todo el día, este es como el momento principal y todos contentos: los peregrinos, los voluntarios de la parroquia. Un día con mucha alegría y entusiasmo”, expresó en diálogo con UNO Santa Fe.
Sosa contó además que durante las distintas celebraciones pudo conversar con los peregrinos y conocer sus distintas intenciones.
“Todos vienen a agradecer, algunos también a pedir, algunos expresan alguna situación particular que están pasando. En general hay mucho clima de agradecimiento, de pedir la ayuda de Dios, aunque en algunos casos con más preocupación”, relató.
San Cayetano, el santo de la vida cotidiana
El sacerdote explicó que la devoción al santo permanece vigente porque está estrechamente vinculada con las necesidades cotidianas de las familias. “Los santos son como amigos de los fieles, uno se hace amigo del santo”, sostuvo.
En ese sentido, destacó que San Cayetano representa “la paz, el pan, el trabajo y la salud”, cuatro dimensiones que aparecen de manera recurrente entre las intenciones de quienes llegan al santuario.
“San Cayetano es el santo de la vida cotidiana. La gente viene a experimentar que la vida sigue teniendo una belleza, un sabor especial cuando Dios está presente”, afirmó.
Una devoción que también alcanza a los jóvenes
Sosa también destacó que la devoción se transmite entre generaciones y que muchos adultos mayores regresan al santuario no solamente por sus propias necesidades, sino también para pedir por sus hijos y nietos.
“A veces uno en broma les dice: ‘¿Seguís pidiéndole trabajo a San Cayetano?’. Y responden: ‘No, ahora es para mis hijos, para mis nietos’”, contó.
El párroco señaló que, aunque la imagen de la celebración suele estar asociada a personas mayores, también se acercan jóvenes que buscan trabajo y acompañamiento frente a las incertidumbres de la vida cotidiana.
Una fiesta que también involucra al barrio
La celebración patronal genera además un movimiento particular en barrio Guadalupe Oeste, donde se encuentra el santuario. Sosa valoró especialmente la relación construida con los vecinos y comerciantes de la zona.
“Los vecinos de la cuadra, que les llenamos la calle de gente y les cortamos el tránsito, tienen buena relación y lo toman bien. Los comerciantes están muy contentos porque tienen mucha gente hoy”, explicó.
Así, la fiesta de San Cayetano volvió a combinar la tradición religiosa con un mensaje de solidaridad y compromiso comunitario. Entre pedidos de trabajo, agradecimientos, preocupaciones familiares y expresiones de fe, el lema de este año atravesó la jornada como una invitación concreta: compartir el pan, mirar al que necesita y sembrar la paz en una sociedad atravesada por divisiones y conflictos.




















