Una vez consumado el empate ante Lanús, la mayoría de los hinchas de Unión despidió al equipo con aplausos premiando el esfuerzo hecho, pero a su vez, siendo conscientes de que tal vez dejaron pasar el tren. Y es que el Tate quedó a las puertas del infierno y ya no depende de sí mismo para salvar la categoría.
Unión quedó a las puertas del infierno y depende de un milagro
UNO Santa Fe / José Busiemi
Unión ya no depende de sí mismo para mantener la categoría y quedó a las puertas del infierno.
Unión debía ganarle a Lanús, no servía otro resultado e hizo lo imposible por lograrlo. Pero chocó con su realidad, la de un equipo al que le falta jerarquía, recambio y experiencia. El principal responsable de esta situación tiene nombre y apellido: Luis Spahn, pero ahora eso poco importa.
La realidad indica que Unión debe jugar y ganar los últimos dos partidos ante Belgrano y Tigre y esperar que sus rivales pierdan puntos. Llegó a esta situación angustiante, por limitaciones propias y por la irresponsabilidad de la dirigencia. Es un tema trillado el pésimo mercado de pases, pero ya de nada sirve lamentarse.
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Lo cierto y concreto es que ante Lanús, al equipo le pesó y mucho la responsabilidad de tener que ganar. Entrar a la cancha, en zona de descenso contribuyó al nerviosismo y la imprecisión que mostró Unión. La pelota quemaba y eso se tradujo en jugadores atados y dubitativos.
Y no es para menos, Unión cuenta con un plantel que tiene muchos jóvenes que nunca atravesaron un contexto tan complejo. En su formación titular tuvo a: Nicolás Paz (21 años), Mateo Del Blanco (20 años), Joaquín Mosqueira (19 años), Kevin Zenón (22 años) y Gonzalo Morales (20 años). Y en el segundo tiempo ingresó Jerónimo Domina (18 años).
Es decir, cinco de los titulares que jugaron ante Lanús promedian los 20 años y eso sin dudas que resulta un marcado condicionante. Y es absolutamente lógico que a futbolistas tan jóvenes les termine pesando el contexto. En una situación tan alarmante, se hace muy complicado jugar bien.
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Por ello es que el futuro de Unión asoma es muy sombrío por todo lo descripto anteriormente. Nadie se imagina cómo el equipo puede ganar dos partidos, si ni siquiera logra ganar uno. Apenas convirtió dos goles en los últimos ocho partidos y esta estadística es realmente demoledora.
El Rojiblanco apenas convirtió ocho goles en 12 partidos, pero tres de ellos fueron en un solo encuentro. Por lo cual, en seis de ellos, es decir la mitad, no marcó goles. Y para ganar los partidos hay que convertir, algo que Unión no viene haciendo en los últimos encuentros.
Unión quedó realmente muy comprometido en su objetivo por mantenerse en Primera División. Y lo que más preocupa es que en la recta final de esta carrera, la sensación es que el equipo se quedó sin nafta. La cabeza le terminó pasando factura a las piernas y por eso hasta pareció que físicamente el equipo no respondió. Pero está claro que tuvo más que ver con el aspecto mental que físico. Cuando la cabeza se nubla, el resto del cuerpo no responde.














