Cuando comenzó el Torneo Apertura de la Liga Profesional de Fútbol, la lógica indicaba que Unión podía sacar ventaja. Sostuvo la base, mantuvo el sistema y ratificó a Leonardo Madelón, el arquitecto de una segunda mitad de 2025 que devolvió competitividad e identidad. Sin embargo, el equipo todavía no despega y empieza a correr desde atrás.
Unión y una identidad que todavía no aparece
Unión mantiene la base, el sistema y el DT Leonardo Madelón, pero no logra recuperar la intensidad que lo distinguió en el segundo semestre de 2025.
Prensa Unión
La sensación es extraña. No se trata de un plantel en formación ni de un cambio de ciclo. Por el contrario, se esperaba continuidad y evolución. Pero el arranque expuso una versión más tibia, menos intensa, sin esa “sal y pimienta” que caracterizó al equipo en el tramo final del año pasado.
El peso de las expectativas en Unión
En el debut en el 15 de Abril ante Platense, un equipo prácticamente refundado, Unión no dejó una mala imagen. Pero tampoco impuso condiciones. Le faltó ritmo, agresividad y esa energía que suele imprimir Madelón en sus equipos.
Frente a Lanús el planteo fue inteligente y competitivo, aunque la expulsión de Valentín Fascendini y un desconcierto en el arranque del segundo tiempo condicionaron el resultado. Aun así, con diez hombres, el equipo mostró carácter y estuvo cerca del empate. Allí pareció estar el punto de inflexión anímico.
Esa reacción se tradujo en un convincente 4-0 frente a Gimnasia y Esgrima de Mendoza, recién ascendido, que permitió pensar en una recuperación definitiva. Pero el golpe en Santiago del Estero ante Central Córdoba volvió a encender las alarmas. No solo por el 1-0, sino por la forma. Fue una derrota ante un rival en reconstrucción, lejos de la jerarquía que supo tener en las últimas temporadas.
Generar no alcanza
El empate frente a San Lorenzo de Almagro dejó otra sensación ambigua. Unión no jugó mal. Generó situaciones, empujó y tuvo volumen ofensivo. Pero falló en lo esencial: la eficacia. La falta de contundencia empieza a ser un problema estructural.
También llamó la atención la inalterable fidelidad al 4-4-2. Madelón no movió la estructura ni ensayó variantes tácticas para ir decididamente en busca del triunfo. La fórmula es parte de su convicción y de su historia, pero hoy no encuentra los intérpretes ideales ni la frescura necesaria.
Un desafío que es del entrenador
Unión no está en crisis, pero tampoco en sintonía fina. Los puntos que dejó en el camino pesan, pero más inquieta la pérdida de identidad. Aquella versión intensa, solidaria y punzante del segundo semestre de 2025 todavía no apareció en plenitud.
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El desafío es claro y recae en el entrenador: encontrar los nombres justos dentro de un esquema que no está dispuesto a negociar. Ajustar sin traicionarse. Potenciar sin desarmar. Recuperar la energía que hizo competitivo al equipo.
Porque en torneos cortos el margen es mínimo. Y si Unión quiere volver a ser protagonista, necesita reencontrarse cuanto antes con su ADN.













