Colón en ocho fechas no cambió, lo que cambiaron son los resultados. Y por eso todo lo que antes se le destacaba, ahora se le critica.
Colón no cambió, lo que cambiaron fueron los resultados
Lo que antes se elogiaba de Colón, ahora se le critica. El equipo siempre sumó más de lo que jugó y cuando los resultados no se dan cambia el análisis
UNO Santa Fe | José Busiemi
Colón no cambió su manera de jugar y de plantear los partidos, pero lo que sí cambiaron fueron los resultados.
Colón pasó de los elogios a las críticas
El equipo que dirige Ariel Pereyra no varió su manera de jugar, ni cuando metió tres triunfos al hilo, ni ahora que ganó uno de los últimos cuatro que jugó.
Colón es un equipo que no tiene una identidad de juego, que pese a pregonar protagonismo, en la cancha eso no se advierte. Sucede que la racha de resultados favorables disimuló el rendimiento del conjunto rojinegro.
Pero la realidad es que el Sabalero no completó nunca un gran partido. Hubo buenos momentos, pero que estuvieron emparentados, con la aparición de las individualidades.
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Desde lo colectivo, pocas veces Colón fue superior a sus rivales. Pasa que cuenta con jugadores de jerarquía que cuando se encienden marcan diferencias. Los ejemplos más concretos son los de Christian Bernardi y Emmanuel Gigliotti.
De hecho, el Puma es el goleador de Colón con tres goles y el cordobés es el máximo asistidor con tres asistencias y un gol de penal.
Pero cuando ambos no aparecen, Colón se convierte en un equipo inofensivo y previsible en ataque. Y esa efectividad que tanto se elogió queda en la nada.
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En esos tres triunfos al hilo contra Nueva Chicago 2-1, Mitre 1-0 y Chaco For Ever 2-1, Colón supo pegar en los momentos justos, pero de ninguna manera marcó superioridad en el desarrollo del juego.
Contra Nueva Chicago, se puso arriba en el marcador por un grosero error del arquero y cuando casi no había pateado al arco. En tanto que el final, el elenco de Mataderos estuvo cerca del empate.
Mientras que contra Mitre, en el primer tiempo, el equipo santiagueño dispuso de las chances más claras, pero en la etapa final, una pelota quieta para el gol de cabeza de Brian Negro resolvió el encuentro.
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Por su parte, ante Chaco For Ever, el Sabalero se puso rápido en ventaja y luego se retrasó para defender. El equipo chaqueño careció de efectividad y en el segundo tiempo se quedó con un hombre menos.
Aún así, Colón una vez más terminó apretado en el resultado, pese a contar con superioridad numérica. Luego llegaría la derrota merecida ante Almirante Brown 2-0, jugando mal el segundo tiempo.
Contra Central Norte, nuevamente apeló a la jerarquía individual, con las apariciones de Bernardi y Gigliotti, sumado a las atajadas decisivas de Tomás Giménez.
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En el primer tiempo llegó dos veces al arco rival y marcó dos goles y el elenco salteño dispuso de cuatro chances muy claras para convertir, fallando por impericia propia y también virtud de Giménez.
Ante Gimnasia de Mendoza, rescató un punto gracias a un gol en contra y siendo menos que su rival. Y con Gimnasia y Esgrima de Jujuy jugó mal y fue superado por el elenco jujeño.
Por lo cual, con resultados a favor y en contra, la fisonomía del equipo no tuvo grandes cambios. Se modificó el análisis en base a las estadísticas. Pero la manera de plantear los partidos y el funcionamiento fue similar.
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Cuando Colón ganaba, generando poco, se decía que era un equipo eficaz, ordenado y pragmático. Que aprovechaba sus momentos y que luego en base a su oficio se terminaba imponiendo.
Y cuando le tocó perder o empatar, ahí sí, se hizo hincapié en el rendimiento. Se mencionó que el equipo no tuvo juego, ni tampoco funcionamiento, que careció de profundidad en ataque y de orden en defensa.
Pero la realidad es que en estas ochos fechas, Colón siempre estuvo mejor en la tabla que en la cancha. Y que los elogios parecían desmedidos, como ahora las críticas. Ni en el comienzo fue tan bueno, ni ahora es tan malo.













