Colón tenía ante Racing de Córdoba una oportunidad que no podía dejar escapar. Después de tres triunfos consecutivos desde la llegada de Iván Delfino, el viaje a Nueva Italia aparecía como una prueba de carácter para saber si el Sabalero estaba realmente preparado para meterse de lleno en la pelea grande de la Primera Nacional.
Del sueño al golpe de realidad: Colón volvió a mostrar sus viejos fantasmas
Colón perdió 1-0 ante Racing de Córdoba y quedó a ocho puntos de Ferro. La actuación encendió todas las alarmas en el tramo decisivo de la temporada.
Por Ovación
Y la respuesta fue contundente, aunque negativa: Colón no estuvo a la altura.
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La derrota 1-0 no solo frenó el envión que había construido el equipo en las últimas fechas. También expuso nuevamente viejos problemas que parecían haber quedado detrás con el cambio de entrenador. El líder Ferro empató ante Estudiantes en Caseros y ahora le lleva ocho puntos, mientras que Deportivo Morón, próximo rival del Sabalero el sábado a las 17 en el Brigadier López, quedó a cuatro.
Pero el problema más grande no está en la tabla. Está en la imagen que entregó Colón.
Un primer tiempo para preocuparse en Colón
El equipo de Delfino jugó uno de sus peores partidos de los últimos tiempos. Fue superado especialmente por las bandas, mostró enormes dificultades para retroceder y quedó partido en demasiados pasajes del encuentro.
Racing de Córdoba encontró espacios y los aprovechó. Colón ofreció una versión endeble, desordenada y poco confiable defensivamente, algo que quedó expuesto de manera casi perfecta en la acción que terminó definiendo el partido.
Pablo Chavarría, con toda su experiencia, recibió la pelota prácticamente en su propia área y recorrió una enorme cantidad de metros con pelota dominada. Nadie logró frenarlo. Nadie cometió una falta táctica. Nadie cortó la jugada antes de que se transformara en una situación de peligro.
El experimentado delantero llegó hasta el área, Matías Budiño salió a cortar y terminó cometiendo penal. El arquero tuvo la enorme virtud de atajarlo, pero el rebote volvió a quedar servido y Chavarría corrigió su primer error para empujarla al fondo del arco.
Una jugada que resumió el partido: Racing tuvo decisión, Colón tuvo dudas.
Delfino tuvo que cambiar sobre la marcha en Colón
El entrenador tomó nota de lo que estaba sucediendo. El rendimiento de Agustín Toledo fue muy bajo y, además, quedó involucrado en la acción previa al avance de Chavarría.
Por eso, para el segundo tiempo apareció Ignacio Antonio, buscando darle mayor equilibrio a un mediocampo que había sido superado.
Pero también hubo otra modificación significativa. Delfino decidió romper el doble nueve, una fórmula que ya había utilizado ante San Miguel y que tampoco había funcionado durante el primer tiempo en Córdoba. Ingresó Franco García, quien con muy poco terminó siendo probablemente el futbolista que más intentó aportar algo diferente en ofensiva.
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El cambio de esquema no alcanzó para transformar el partido, pero sí dejó una conclusión: el doble nueve todavía no encontró respuestas suficientes.
Alan Bonansea y Leandro Garate tuvieron nuevamente dificultades para entrar en juego, y Colón volvió a mostrar problemas para generar peligro real. Cuando intentó reaccionar, las acciones terminaron generalmente mal resueltas, con Julián Marcioni como uno de los principales exponentes de esa falta de claridad.
Colón, un equipo desordenado y sin respuestas
Delfino terminó muy molesto. Y no solamente por perder. El entrenador observó un equipo desbalanceado, con futbolistas ocupando espacios que no les corresponden y con demasiada distancia entre las líneas. Ese desorden terminó facilitando la tarea de un Racing que supo dónde atacar y cómo hacer daño. Y justamente ahí aparece el principal llamado de atención.
Colón puede ganar partidos desde la jerarquía individual, puede sacar adelante encuentros cerrados y puede aprovechar momentos favorables. Lo hizo ante San Telmo, Patronato y San Miguel. Pero para pensar seriamente en el ascenso necesita algo más. Necesita ser un equipo.
Porque cuando enfrente aparece un rival que lo obliga a jugar incómodo, como ocurrió en Nueva Italia, todas esas imperfecciones vuelven a quedar expuestas.
La pelea por Ferro empieza a parecer lejana
Faltan nueve fechas y matemáticamente Colón todavía tiene posibilidades de discutir el primer puesto. Pero después de lo ocurrido ante Racing, esa pelea comienza a parecerse cada vez más a una quimera.
No solamente porque Ferro ahora tiene ocho puntos de ventaja, sino porque el líder, aun sin ser una aplanadora, demuestra una regularidad que Colón todavía no consiguió.
El Sabalero dejó pasar una ocasión inmejorable para acercarse. Un triunfo lo hubiese colocado nuevamente en carrera y hubiese transformado el próximo partido ante Morón en una auténtica final por la parte alta.
Ahora deberá enfrentar al Gallito con la obligación de recomponerse rápidamente.
El verdadero objetivo empieza a ser otro
Colón todavía tiene tiempo. Y sería apresurado dar por terminada cualquier posibilidad con nueve jornadas por delante. Pero también sería un error esconder lo sucedido en Nueva Italia detrás de los tres triunfos anteriores. El partido ante Racing fue un golpe de realidad.
Delfino consiguió algo fundamental desde su llegada: recuperar puntos, confianza e ilusión. Ahora deberá dar el siguiente paso, mucho más complejo: construir un equipo capaz de sostener esa ilusión cuando lleguen los partidos importantes.
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La prioridad deberá ser defender el lugar entre los cuatro primeros de la zona para tener ventaja de local en la instancia decisiva del Reducido. Y para eso Colón necesita recuperar solidez, equilibrio, intensidad y, fundamentalmente, una identidad.
Todavía hay margen para corregir. Incluso para mirar de reojo a Ferro. Pero el margen se achica.
Porque si Colón vuelve a ofrecer en el tramo decisivo actuaciones como la de Nueva Italia, el sueño del ascenso quedará cada vez más lejos y la continuidad en la Primera Nacional para la próxima temporada comenzará a ser una posibilidad demasiado concreta.















