Este nuevo cumpleaños del Pulga Rodríguez no es solo una efeméride más en el calendario futbolero. También es una oportunidad para volver sobre una trayectoria que combina sacrificio, talento y una relación poco frecuente con la camiseta, en tiempos donde la lógica del mercado suele imponerse sobre las historias humanas.
¿Por qué la historia del Pulga Rodríguez interpela al fútbol moderno argentino?
En el día de su cumpleaños, la figura de Luis Miguel Rodríguez invita a repasar una historia de esfuerzo y decisiones que marcaron una época en Colón.
Prensa Colón
La Liga Profesional le hizo un lindo ping pong al goleador de Colón, Luis Pulga Rodríguez.
Desde Simoca, Tucumán, con una infancia marcada por el trabajo y el barro, el Pulga construyó un recorrido atípico. Fue albañil, pintor, jugó descalzo y estuvo a punto de dejar el fútbol, antes de encontrar en la pelota ese ascensor social que tantas veces mencionó. Su juego, tan libre como su origen, siempre escapó a moldes tácticos rígidos y ala "evolución del fútbol": enganche natural, gambeta corta, pausa y lectura.
Un recorrido que dejó huella en Colón
La llegada a Colón en 2018 marcó un punto de inflexión. En su primer ciclo fue finalista de la Copa Sudamericana 2019, transformándose en una de las caras visibles de aquel equipo que quedó a las puertas de la gloria continental. Dos años más tarde, el Pulga fue campeón del Torneo Argentino 2021, levantando el primer título liguero de la historia del club y quedando definitivamente ligado a su identidad.
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Los números respaldan ese impacto:
- 109 partidos oficiales,
- 36 goles,
- 25 asistencias.
Más allá de las estadísticas, su influencia fue estructural. Capitán, referente y conductor, en la cancha y puertas adentro, Rodríguez representó una forma de entender el fútbol basada en hacer ver el fútbol como un deporte que se resuelve simple y con pocos toques. Como dijo "el señor 10" al momento de levantar el título: "No hay plata que compre esto" demostrando que para un luchador como él, este deporte no vale por el dinero que mueve, sino por la carga emocional que genera en cada jugador y en cada hincha.
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Pertenencia en tiempos de tránsito
A medidados de 2025, cuando Colón atravesó uno de los momentos deportivos más complejos de su historia reciente, el Pulga decidió volver, aun teniendo alternativas más cómodas para cerrar su carrera. Apostó su capital simbólico y deportivo para acompañar un proceso adverso, un gesto que excede cualquier análisis racional de lo que debe hacer un jugador una vez que pasa los 40 años de edad y es visto como a un ídolo.
Hoy, con su continuidad aún como interrogante y con un club inmerso en una etapa de refundación, el nombre de Luis Miguel Rodríguez sigue ocupando un lugar central. No solo por lo que fue, sino por lo que representa. Porque cada cumpleaños del Pulga no recuerda únicamente a un futbolista: reactiva una historia donde el fútbol todavía puede ser esfuerzo, identidad y emoción. Y ese, quizás, sea su legado más difícil de reemplazar.














