En los últimos días, sobre la laguna Setúbal se comenzó a ver una densa vegetación cubriendo la zona de uno de los pilotes del Puente Colgante, escena que recuerda al embalsado que atravesó todo el curso del río sobre los pilotes del expuente ferroviario. UNO Santa Fe habló con especialistas del Instituto Nacional del Agua sobre la situación.
A dos años del embalsado en la Setúbal, un bloque de vegetación se asentó sobre un pilote del Puente Colgante
UNO Santa Fe consultó a especialistas del Instituto Nacional del Agua por la situación registrada. El embalsado cubre toda la zona del pilote este del Puente Colgante.
Imagen del embalsado formado sobre el pilote este del Puente Colgante.
Imagen del embalsado formado sobre el pilote este del Puente Colgante.
Esto es un problema sobre todo a la hora de navegar el río cruzando por debajo de los dos puentes que cruzan la laguna Setúbal. Con la lenta pero constante crecida durante los últimos meses, el río Santa Fe se vio constantemente plagado de camalotes flotando, con sedimentos que son arrastrados por la crecida.
Cómo se forma el embalsado
El ingeniero hídrico del Instituto Nacional del Agua (INA), Jorge Collins, explicó en diálogo con UNO Santa Fe que este tipo de acumulaciones se producen de manera recurrente cada vez que hay un aumento en el nivel del agua. “Cada vez que hay alguna crecida se producen los embalsados por efecto de la vegetación que se desarrolla en la zona. Con el aumento del nivel del agua eso queda en flotación y, con un poco de velocidad de la corriente, vientos y demás, empiezan a moverse”, detalló.
Según el especialista, esos embalsados suelen desplazarse hasta encontrar un obstáculo fijo, como puede ser una estructura artificial. “Se desarrollan sobre la costa o sobre alguna laguna donde encuentran un obstáculo, como pueden ser los pilotes del antiguo ferrocarril o los del Puente Colgante”, señaló.
Collins remarcó que la situación observada en estos días “no es nada fuera de lo común” y la vinculó también a las condiciones climáticas propias del verano. Las altas temperaturas favorecen una rápida reproducción de la vegetación acuática, lo que puede incrementar el volumen del material flotante en poco tiempo, en comparación con otras épocas del año.
En cuanto a la necesidad de una intervención, el ingeniero fue claro: solo sería recomendable actuar si se registrara un embalsado de grandes dimensiones, similar al ocurrido hace dos años atrás. “Mientras no genere un impacto similar, no veo necesario que haya una intervención”, afirmó.
Posible desprendimiento
Además, el análisis hidrológico actual no muestra señales de agravamiento del escenario. “En tanto y en cuanto el nivel del agua no siga subiendo, se estabilice y comience a bajar, no habrá más llegada de camalotes y se irá desprendiendo poco a poco”, explicó Collins, quien indicó que los niveles actuales se mantienen en un rango de aguas medias y sin tendencia creciente.
Por último, descartó la presencia de factores climáticos que puedan modificar bruscamente la situación. “Las condiciones actuales no se dan para que el embalsado se afirme como la vez anterior. El escenario es muy distinto al de hace dos años. La perspectiva de lluvias para toda la región y la cuenca del Saladillo–Setúbal es normal y no hay ningún indicador ni forzante climático que pueda virar el escenario hacia aguas bajas o aguas altas”, concluyó.
















