Santa Fe

"No me alcanza con que me den el sobreseimiento", dice el bioquímico que cayó preso en el caso Oldani

Pasó año nuevo en la cárcel, lejos de su familia y reclama que lo desvinculen de la causa y le devuelvan sus bienes personales y los de su familia para poder volver a trabajar. 

Sábado 16 de Enero de 2021

Alfredo Sadonio estuvo preso diez días en la cárcel de Las Flores en la ciudad de Santa Fe. Desde el 29 de diciembre hasta el 8 de enero, que recuperó su libertad por falta de pruebas que lo impliquen en el hecho. Fue detenido porque el fiscal de la Unidad Especial de Homicidios, Gonzalo Iglesias, lo acusó junto a otras personas de formar parte de un plan para asesinar a Hugo Oldani el 11 de febrero del 2020. Sigue vinculado al proceso judicial, y reclama su sobreseimiento, entre otras cosas.

Los primeros dos días, según cuenta Sadonio a UNO Santa Fe, se dedicó a intentar limpiar con un cartón la celda. Con lo que quedaba de un lápiz verde y un papel, hizo un detallado inventario de los recursos con los que contaba. Y rescató un potecito de helado con el que tomó agua de una canilla rota y que ocupó para agarrar la comida que le pasaron por debajo de la puerta. Destaca estos detalles de manera optimista entre medio de un traumático habitar que suena hasta inhumano. Con cloacas desbordantes, sin aire fresco, ni elementos de higiene, desprovisto de ropa de cama o toallas, de comunicación, infestado de mosquitos y en un clima de violencia latente. “Fue como un aturdimiento”, dice sobre las primeras 48 horas. No entendía por qué estaba ahí.

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Sadonio tiene 59 años y es bioquímico. Antes de que comenzaran los aislamientos y protocolos por el Covid-19 se iba en colectivo dos veces por semana hasta Ataliva

Sadonio tiene 59 años y es bioquímico. Antes de que comenzaran los aislamientos y protocolos por el Covid-19 se iba en colectivo dos veces por semana hasta Ataliva

— ¿Usted lo conocía a Hugo Oldani?

— No, yo no lo conocía a Hugo Oldani. Es más, cuando mencionaron el caso lo primero que pensé que era el de la bijouterie que había en el shopping, que he ido algunas veces con mi esposa porque somos medios vecinos. Así que cuando mi abogado me dijo en la cárcel por qué estaba ahí lo asocié al dueño de ese negocio. No sabía que había otro Oldani que tenía otras actividades.

Recién en la audiencia imputativa que se hace de manera virtual en la en la cárcel, ahí me entero los fundamentos y de qué se me imputaba. Que era robo doblemente calificado, homicidio doblemente calificado en carácter de coautor, o sea, yo era cómplice de todo eso. Eso es lo que se me imputó a mí, y en eso se basó el juez para mi detención. Basado en arbitrariedades y en pruebas que nunca existieron porque nunca las presentaron.

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— ¿Tiene vínculos con empresas financieras? ¿Manejó alguna vez dinero ajeno?

— En lo absoluto. No, no, no. El dinero que se toma -del allanamiento-, es el que manejamos producto de nuestro ahorro, de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, y de toda la vida. O sea, no tiene otro origen.

Sadonio tiene 59 años y es bioquímico. Antes de que comenzaran los aislamientos y protocolos por el Covid-19 se iba en colectivo dos veces por semana hasta Ataliva, una localidad de dos mil habitantes a un poco más de 105 kilómetros de la capital provincial. Eso hizo durante 34 años de profesión en su laboratorio unipersonal en ese pueblo. “Para ahorrar plata y poder dormir durante el viaje”, responde cuando se le consulta por qué viajaba de esa forma. Durante la pandemia fue en auto. “Hace treinta días que el pueblo no tiene bioquímico, porque soy el único. En medio de una situación sanitaria como esta le complican la vida a la gente”, agrega.

En cada pregunta da una ordenada lista de detalles de la agenda de cada día de la semana con horarios y tareas, durante las últimas tres décadas. Además está jubilado de la docencia. En ocasiones colabora en el negocio familiar, una farmacia, cuya dueña es su esposa. “Hago de cadete, sigo las cuestiones administrativas, voy a las obras sociales, esas cosas”, describe, y sostiene: “Pero mi trabajo es de bioquímico, nunca me hice el farmacéutico porque no lo soy”.

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— ¿Cómo lo vinculan al hecho?

Primero quiero decir que nunca tuve causas con la justicia, ni siquiera tengo multas de tránsito en los últimos años. Jamás estuve implicado en ninguna causa. Por eso siento la necesidad de manifestarme, porque no le hablo a las personas que me conocen, porque he recibido múltiples apoyos. Le hablo al que no me conoce, al que se enteró por los medios y que a lo mejor se ha hecho una imagen equivocada de mi persona. Y también me dirijo a la justicia, porque considero que todo lo que se cometió conmigo fue una arbitrariedad, fue un error, y esto no debe volver a pasar, se deben rever los procedimientos, se debe rever la actuación de distintos organismos. Todo esto debe servir para algo. A mí no me alcanza con que me den el sobreseimiento, a mí me alcanzaría con que nos devuelvan todos los bienes personales, todos los elementos de trabajo que han secuestrado y que no nos permiten volver a nuestra vida normal. Lo único que sabemos es trabajar, vivir en familia. Tengo 30 de matrimonio, tengo tres hijos, todos profesionales. Remarco lo último porque los hijos no nacen de un repollo, nacen de un hogar donde uno le inculca valores, y fundamentalmente que la única forma de progresar en la vida es trabajando, siendo personas honestas, estudiando, perfeccionándose, y ahorrando. A mi me humillaron delante de mi familia, incluso me sentí humillado en el procedimiento porque pensaba «qué van a pensar de mí».

Todo fue basado en interpretaciones arbitrarias de una persona implicada, dicen que es como la figura del arrepentido, que da una descripción de una supuesta farmacia, y de una supuesta persona. Si seguimos al pie de la letra la ubicación de la farmacia que dio no se llega a ningún lado. Porque dice que está situada sobre calle Belgrano, tres cuadras al norte del bulevar, de la esquina al lado, y de frente sencillo. Ninguna de esas cuatro descripciones coinciden. Ahí fue el primer error, no haber hecho que amplíe la ubicación. Incluso le podrían haber mostrado fotos de farmacias de la zona o lo podrían haber sacado en un patrullero a recorrer farmacias para que él ubique cuál era.

A partir de ahí, desde agosto, nos pincharon los teléfonos, entraron a la red y nos estuvieron investigando durante todos esos meses, cinco, seis meses. Otro dato que tampoco concuerda es la descripción que esta persona hace sobre quien estaría implicado. En la declaratoria dice que es un muchacho morrudito, morochito, petisito, y le puso el título de farmacéutico. Yo mido 1,77 metros y desde hace 30 años, peso alrededor de 75 kilos, si soy morochito, no soy farmacéutico, y no soy robusto, más bien soy un flaco. Así que, tampoco coincidió esa descripción. Y en el identikit carece de un elemento que a mí me caracteriza que son mis anteojos. Tengo reafirmado un estudio que me hicieron en octubre del 2020 donde se puede comprobar que tengo presbicia, y astigmatismo avanzado, por lo que uso lentes permanentemente, desde que me levanto hasta que me acuesto, me lo saco nomás para dormir, para bañarme, y para las fotos porque mi mujer me dice que sino parezco más viejo.

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Hugio Oldani perdió la vida en el intento de asalto a su comercio.

Hugio Oldani perdió la vida en el intento de asalto a su comercio.

Como si esto fuera poco, dijeron que se habían perdido todas las llamadas que supuestamente había. Y especialmente pude probar, fehacientemente, que ese día yo no estaba en Santa Fe. Que estaba trabajando en Ataliva. Tengo un doble registro de los pacientes: primero tomo nota en un cuaderno, letra manuscrita, donde asiento sus datos, alguna información relevante, el médico que lo envía, y anoto todos los análisis, etc. y luego vuelco todo a la computadora donde están los programas que después me permiten hacer los informes, por ejemplo. Es una costumbre que tengo de antes, cuando había que poner códigos y el paciente se llevaba la orden entonces no quedaba registro entonces por eso lo hago doble. Ofrecimos como prueba eso.

La comuna de Ataliva, que es la localidad que está a casi tres horas de viaje en colectivo, este, puso a disposición un vehículo para que vengan pacientes con sus respectivos análisis, con mi firma, con mi sello, a testimoniar de que yo ese día los había atendido en Ataliva. Por cuestiones de Covid-19, hubo personas que no pudieron viajar por cuestiones de edad, o algún impedimento. Entonces, se fue a Ataliva y se les tomó declaración. Con todo eso pude probar que ese día no estuve en Santa Fe por lo cual ya la declaración de la persona se caería. Ya esa declaración estaría viciada de nulidad, porque él ubica un momento, un tiempo donde yo ni siquiera estaba en Santa Fe.

Y acá aparece el pecado de soberbia del organismo fiscal porque aunque se cayeron todas esas pruebas, y que no aparecieron las llamadas, pidieron una ronda de reconocimiento que resultó negativa. Esta persona, el arrepentido que declaró, señaló a otra persona.

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"No me alcanza con que me den el sobreseimiento", dice el bioquímico del caso Oldani

Sadonio se expresa de manera pausada para intentar contar lo que le pasó y lo que siente con paciencia. Repite a lo largo de la charla con UNO la palabra injusticia. Siempre está con algún familiar, ya que no lo dejan solo. Sus hijos tratan de que tenga momentos en el día para descansar, sin hablar de un tema que lo pone muy nervioso y triste. Llora cuando le muestran mensajes de sus colegas o de amigos que le envían su apoyo. A la vez, no duda en aprovechar cada oportunidad para hablar públicamente de su detención y de los temores que tuvo cuando le pusieron apodos en el pabellón. Insiste en que lo que más quiere es que le devuelvan todas sus computadoras para poder volver a trabajar, porque tienen todos los datos y programas que necesitan para desempeñarse profesionalmente en esos dispositivos. Cuenta que todavía tiene pesadillas con que la policía lo viene a buscar.

Describe que quedó impactado no solo por su experiencia personal, sino por descubrir cómo es el sistema carcelario. Hasta se ofreció a ir a pintar y llevar elementos necesarios una vez que retome su vida normal. “¿Será un sueño? Sí, esto me está pasando de repente. Parece muy real, pero ¿será real? Qué locura”, recuerda pensar en su colchón de Las Flores. Y al contrario de una ficción que podría estar basada en un híbrido de la serie Breaking bad y el libro El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, en esta historia real e insólita, Sadonio le dice a UNO que no busca venganza.

— Me preguntan mucho si voy a iniciar acciones legales contra el Ministerio Público de la Acusación y la verdad que honestamente no tengo esa idea. Mi prioridad ahora es que me desvinculen de la causa porque nunca estuve vinculado. Incluso la querella, que representa a los damnificados que son la familia Oldani, dijo de forma muy tranquila y contundente que nunca formé parte de la causa, o sea que ellos, a pesar de toda esta parafernalia, nunca tuvieron en cuenta mi participación. Mi principal motivación es que se reconozca que se hicieron las cosas mal, que se limpie mi buen nombre ante la sociedad. Que se borre toda esta mancha, que se nos restituya todo lo que se nos secuestró, desde los elementos tecnológicos, hasta lo económico porque en el allanamiento hasta se llevaron dinero de mi hijo, unos 20 mil pesos que tenía para comprarse un sillón porque se está por mudar. Que le restituyan todos esos bienes, las computadoras a mis hijos que son sus herramientas de trabajo. Y realmente que se mejore todo el sistema.

— ¿Qué fue lo primero que hizo cuando salió de la cárcel?

Cuando me fue a buscar mi familia, subimos al auto y me preguntaron qué quería hacer. Y la verdad que les dije «quisiera comer helado, me muero por comer helado». Así que fuimos a casa, me bañé y nos sentamos todos en la cama grande, como cuando eran chicos. Los cinco nos sentamos a comer helado en la cama. Y ese fue de los momentos más felices. Porque digamos, después de todo esto, estas situaciones, fijate como uno no valora a veces estos momentos. Pensaba en la calle, que cómo me gustaría salir a caminar. Nosotros por las mañanas, como por el coronavirus estaba viajando menos a Ataliva, con mi esposa íbamos a caminar media hora, 45 minutos. Les dije también «cómo me

gustaría retomar las caminatas y ver la misa por Radio María de las 20. Cómo me gustaría ir con mi familia a la quinta, comer un asado, y protestar porque el pasto está alto». Me encantaría hacer las cosas de siempre. Volver a trabajar a mi pueblo, porque digo Ataliva acá por una cuestión de formalidad, pero en realidad es mi pueblo. Me siento parte y por lo que recibí de la gente creo que me adoptaron como un hijo del pueblo. Porque dicen «mi bioquímico, el bioquímico de mi pueblo». Por eso me gustaría ir a agradecerle, abrazar la muestra de apoyo. Si pudiera borrar todo lo que pasó... quisiera volver a las 20 horas menos un minuto del 29 de diciembre de 2020.

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