Hipólito Ruiz/Diario UNO
Un santafesino se fue en 2001 y hoy vuelve por la crisis que atraviesa España
Mañana se cumplen 10 años del inicio de la protesta que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa. El cacerolazo de la clase media, el saqueo a los comercios, el corte de calles y manifestaciones de los sectores más desprotegidos, el “Que se vayan todos”, la represión policial, 39 víctimas –nueve de las cuales corresponden a la provincia– son postales imborrables de uno de los momentos más difíciles de la historia de la Argentina.
El neoliberalismo se había devorado todo. El Gobierno lejos de dar señales de reacción, en el último semestre de 2001 profundizó las medidas de ajuste. El 6 de agosto, Domingo Cavallo anunció el Déficit Cero y, el 2 de diciembre, hizo su último gran anuncio: el corralito financiero. La medida que intentaba evitar la fuga de capitales consistía en restringir la extracción de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorro.
La tarde del 19 de diciembre de 2001 los canales nacionales de noticias transmitían en directo los saqueos a supermercados y comercios y las protestas que se reproducían en diversos puntos del país. La tensión social era insostenible. Minutos después de las 22.30 De la Rúa, en Cadena Nacional decretaba el Estado de sitio. Menos de 24 horas después, el 20 de diciembre, cerca de las 19, el líder radical renunció a la presidencia.
Desde fines de los 90 y hasta principios de 2003, muchos argentinos también renunciaron a vivir en su país. Juntaron lo poco que les quedaba y se fueron en busca de un futuro que no encontraban en su país.
Ese es el caso de Ignacio Yunis, quien estudió diseño gráfico en la Universidad Nacional del Litoral y se recibió en el 2000. “Estuve desempleado un tiempo hasta que entré en un estudio y trabajé hasta que llegó el corralito y me echaron”, le dijo a Diario UNO.
“En esa época la mayoría de mis amigos no tenía nada, no trabajaban y los que habían conseguido algo era en un telecentro o en una pollería, nada que ver con lo que habían estudiado. El resto estábamos chupándonos el dedo en la casa de nuestros padres”, graficó.
Luego Yunis se refirió a la protesta del 19 y 20 de diciembre de 2001 y dijo: “Estuvo bueno que la gente saliera a protestar. Pero era muy difícil ver todas las personas que estaban afectadas por la situación. Me acuerdo que en aquella época yo tenía ahorrados mil pesos, que equivalían a mil dólares. Para mí era toda la plata del mundo y se quedaron con el 30 o 40 por ciento. A mucha gente le pasó lo mismo con los ahorros de toda su vida. Hoy todavía no puedo confiar totalmente en el Estado”.
Esa crisis fue tan importante que produjo la segunda gran inmigración de argentinos hacia Europa, después de la que hubo durante la última dictadura militar.
—Mañana se cumplen 10 años del cacerolazo y el punto más difícil de la crisis argentina, como esa protesta, ¿eso influyó en su decisión de irse del país?
—Hacía tiempo que yo tenía ganas de irme a España. Porque yo había vivido allá de chico y tenía ganas de volver algún día, aunque no sabía bien si a vivir o de visita. Cuando pasó lo del cacerolazo justo me habían echado del trabajo, también veía a mis amigos en la situación en que estaban y no tenía ganas de estar en la casa de mis padres, a los 26 o 27 años, teniendo que pedirles plata para cualquier cosa. Ahí me decidí a irme a España. Además tenía la ventaja de contar con la ciudadanía. Lo decidí a principios de 2002.
“Cuando llegué a Barcelona en 2002, había 80 mil argentinos en España. Éramos un montón. Me encontré un montón de argentinos que ya tenían trabajo y los españoles nos decían que si levantaban una piedra aparecía un argentino”, recordó.
“Hubo gente –continuó– que en esa época ya me decía que España estaba en una burbuja menemista. Justo se estaban viviendo los últimos tiempos del gobierno del Partido Popular, de José María Aznar. En ese momento vivían una época de plata dulce, tal como había sucedido en una parte del gobierno de Menem en la Argentina. Pasaron ocho años y a España le llegó la crisis”.
—¿Cómo se está viviendo en España esta crisis económica y financiera?
—Es grave, sobre todo para los cánones de ellos. Los españoles estaban acostumbrados a comprarse cualquier cosa y cuando querían. Allá es impresionante la cantidad de cosas que hay para comprarse porque hay mucha plata y la gente está dispuesta a gastarla. Los españoles se meten en hipotecas a cuarenta años, un poco porque el sistema les ofrecía la ilusión de que iban a estar todo ese tiempo en condiciones de pagarla. A mí eso no me cerraba. Más allá que estaba convencido de que quería vivir en España, tampoco sabía si en 10 años yo iba a seguir ahí y en qué condiciones. Echaba de menos mi país, y dicho y hecho, nueve años después decidí volver.
—¿La decisión de volver a la Argentina tiene que ver sólo con una posibilidad económica?
—Es económica y familiar. Había años en que no venía al país y estaba todo bien, más allá de que echaba de menos a mi familia y amigos. Pero también empecé a notar que allá la situación estaba un poco apagada, hay cosas de España que me gustan y me van a gustar toda la vida, pero en general el saldo no me resultaba positivo. Tampoco estaba sufriendo. El último año y medio vine tres veces a la Argentina y me di cuenta de que había muchas cosas que me estaba perdiendo de mis amigos. Por otra parte, pensé que mis viejos tienen la edad que tenían mis abuelos cuando yo nací, y que para mí eran unos viejos, y ahora cuando los veo no son tan viejos, pero tienen la edad que tenían mis abuelos. Me dieron ganas de venirme y hace unos meses estuve de visita acá y ahí fue cuando me decidí. Fui a Barcelona y lo seguí pensando, pero ya era una decisión tomada. Allá había cosas por las que me hubiese quedado, pero también tenía cosas por las cuales volver.
—¿Qué cambió en la Argentina que te permitió pensar que tu futuro estaba aquí?
—Creo que lo más importante es la cuestión económica y laboral. Yo no me hubiese venido al país si no tenía posibilidad de buscar y conseguir un trabajo. Ya lo veía en Rosario y en los últimos dos años, particularmente en Santa Fe, vi algo lindo y que espero que dure. Eso influyó mucho.
La crisis española
—¿Hay similitudes de lo que fue la crisis de 2001 y lo que está viviendo hoy el pueblo español?
—Yo creo que sí. Para mí es lo mismo lo que está pasando. Aunque, también, hay diferencias, porque a ellos les llegó la crisis después de 30 años de bonanza y creo que se lo pueden tomar de otra manera. El mismo tema del pago por desempleo es una gran diferencia. Allí el Estado paga a la persona que se queda sin trabajo el 70 por ciento del sueldo que percibía. Eso lo hace como máximo durante dos años, de acuerdo a la cantidad que cada trabajador haya aportado. Eso no te permite vivir bien, llegás justo a fin de mes o no te alcanza si tenés muchas deudas, pero es mejor que nada. Igual, desde que llegué a España, nunca había visto a tanta gente desempleada como cuando decidí volver. Muchos estaban cobrando el paro (fondo de desempleo) y a algunos se les estaba terminando y comenzaban a preocuparse. Ellos estaban tranquilos porque venían de una época de muchos años donde si te echaban de un laburo o dejabas de trabajar por el motivo que fuera, al mes ya tenías otro trabajo igual o mejor pago. Eso se terminó.















