Lo único que tiene a favor Unión son los números y que depende de sí mismo. Aunque esto último a esta altura no se sabe si es una ventaja o una desventaja. Las matemáticas indican que el Tate tiene chances de mantener la categoría, pero es el único respaldo con el que cuenta, porque si se remite al plano futbolístico la sensación es la de un equipo que cuenta con pocas chances de cumplir con el objetivo.
Lo único que Unión tiene como aliado son los números
Unión tiene como único respaldo los números para mantener la categoría.
Está claro que a medida que se acerca la definición la responsabilidad es más grande y a los jugadores más jóvenes les pesa el contexto. No es casualidad la merma de algunos rendimientos, por ejemplo Nicolás Paz que era uno de los jugadores más regulares del equipo y que en los últimos encuentros muestra errores que no solía cometer.
Y así se podría enumerar a otros futbolistas, que por irresponsabilidad de la dirigencia que encabeza Luis Spahn debieron quemar etapas y ponerse el traje de salvadores, cuando en la mayoría de los casos estaban para acompañar. Se los terminó exponiendo por la desidia del presidente rojiblanco y sus colaboradores.
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¿Quién podía pensar que a Unión le iría bien con una dupla de delanteros que promedia los 19 años? con Gonzalo Morales (20 años) y Jerónimo Domina (18 años). Y que la alternativa en ataque sea un jugador como Nicolás Orsini que hacía un año no jugaba.
¿Quién en su sano juicio considera que el equipo podía ser confiable si el 5 de Unión es un joven como Joaquín Mosqueira quien acaba de cumplir 19 años? Y con estas preguntas lejos se está de responsabilizar a los jóvenes que dieron más de lo que podían.
O que por ejemplo, Unión termine jugando con Mateo Del Blanco como lateral izquierdo, siendo que el futbolista de 20 años es mediocampista ofensivo. Y que el reemplazante de Mosqueira sea Patricio Tanda de 21 años y que venía de jugar en la Reserva de Racing.
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Y así se pueden seguir enumerando muchas cuestiones más que llevaron a Unión a esta situación angustiante, por la pésima gestión de Spahn. Después claro está existen responsabilidades de los demás protagonistas, como por ejemplo de su entrenador Cristian González.
Es indudable que más allá de contar con muy poco recambio, el Kily también se equivocó mucho en los últimos tiempos, no solo dentro de la cancha, sino también a la hora de declarar. El DT entró en la confusión generalizada y la sensación es que se quedó sin recursos para potenciar al plantel.
De todos modos, a Unión le queda una chance más. El destino le permite apostar al milagro, en otra circunstancia, jugar de local la última chance ante un equipo que no juega por nada sería una ventaja. Pero para este equipo, todo parece resultar una desventaja y la pregunta del millón es ¿Cómo hace Unión para ganar un partido?
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Y es que apenas ganó dos de los últimos 13 que disputó, uno de ellos ante un equipo alternativo de Estudiantes y el segundo contra Sarmiento en el cuarto minuto de descuento. Por lo cual, a esta altura es un verdadero interrogante imaginar cómo sorteará semejante dificultad, además con el peso que tendrá el choque con Tigre.
En situaciones límites Unión demostró falta de respuestas. Perdió los últimos tres partidos como visitante y no pudo ganar como local ante equipos de un pobre presente como Defensa y Justicia y Lanús. No hubo un partido en el que lograra imponerse con autoridad y pegar un golpe arriba de la mesa.
De aquel equipo que luchaba y no se entregaba, quedó poco o nada. Unión se desdibujó por completo y era lógico que así sucediera. Una situación que se veía venir y un baño de realidad que llegó en el momento menos indicado. Ahora es cara o cruz, la moneda está en el aire y el mundo rojiblanco desea más que nunca que esta vez el destino le haga un guiño cómplice para dejar al Tate en Primera. A esta altura, tiene más que ver con un milagro que con la realidad.













