Unión atraviesa una situación futbolística que invita a un análisis más profundo que la simple crítica a las decisiones desde el banco. El plantel es corto y las alternativas reales escasean, por lo que cargar las responsabilidades sobre Leonardo Madelón sería simplificar demasiado el problema. Sin embargo, la reiteración de Augusto Solari y Franco Fragapane como primeras variantes empieza a abrir un debate inevitable.
Unión y el banco repetido: Solari y Fragapane no responden, ¿Llega el turno del semillero?
El Tatengue insiste con Solari y Fragapane como primeras variantes, pero el impacto es mínimo. ¿Por qué no apostar por Grella y Aguirre?
Por Ovación
Un plantel corto que condiciona las decisiones
El contexto del plantel es un factor central para entender el escenario actual. Unión no cuenta con una rotación extensa y, en varios sectores del campo, las opciones disponibles son limitadas. En ese marco, muchas de las decisiones del cuerpo técnico responden más a la escasez de variantes naturales que a una preferencia estrictamente futbolística. Por eso, señalar exclusivamente al entrenador sería injusto. Madelón trabaja con un plantel reducido y muchas veces debe recurrir a las piezas que ya conoce dentro del funcionamiento del equipo. El problema aparece cuando esa repetición deja de generar respuestas en el campo.
Solari: minutos que no se traducen en impacto
Uno de los casos más claros es el de Augusto Solari. En lo que va de 2026 ingresó cuatro veces desde el banco y acumuló apenas 68 minutos, una continuidad que se suma a lo ocurrido en 2025, temporada en la que disputó 435 minutos en 14 partidos, con 12 ingresos como suplente y solo dos titularidades. El ex Rosario Central llegó libre tras rescindir su contrato y firmó con Unión hasta diciembre de 2026, una incorporación que no representó una inversión económica para el club. Sin embargo, su aporte dentro del funcionamiento colectivo nunca terminó de consolidarse.
Para un volante por derecha, un clásico número ocho dentro del esquema, se espera recorrido por la banda, intensidad para sostener el ritmo del equipo y presencia como opción de descarga cuando los delanteros reciben de espaldas. Aunque marcó un gol la temporada pasada, su rendimiento general no logró convertirlo en esa garantía que el equipo necesita en los momentos de recambio.
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Fragapane y un 2026 lejos de su versión anterior
La situación de Franco Fragapane tiene un matiz diferente porque su 2025 había sido, en líneas generales, positivo o aceptable para el mas crítico. Durante esa temporada disputó 40 partidos y acumuló 2182 minutos, con un gol y dos asistencias dentro de un rol activo en el circuito ofensivo. Sin embargo, el comienzo de 2026 muestra un panorama distinto. Hasta el momento jugó cinco partidos y suma 182 minutos, con un rendimiento que se ubica claramente por debajo del nivel que había mostrado anteriormente.
Su influencia en el juego disminuyó, especialmente en aspectos que solían ser parte de su sello: la agresividad para atacar espacios. Con ese retroceso en el rendimiento, cada ingreso desde el banco genera menos expectativa en el desarrollo del partido.
El dilema de “no quemar a los pibes”
Frente a este escenario aparece un argumento habitual en el fútbol argentino: la idea de que no hay que “quemar” a los juveniles adelantando sus procesos. Muchos hinchas sostienen que los jóvenes deben sumar minutos con cuidado para evitar presiones innecesarias.
El planteo es válido, pero también abre otra discusión. Porque mientras se intenta evitar exponer a los chicos, quienes terminan acumulando desgaste futbolístico y emocional son los mismos jugadores que ingresan una y otra vez sin lograr cambiar los partidos. En otras palabras, el riesgo de “quemar” futbolistas ya está ocurriendo, aunque en este caso recae sobre Solari y Fragapane, quienes siguen siendo las primeras variantes pese a que su impacto dentro del juego es cada vez menor.
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Grella y Aguirre, perfiles distintos para cambiar el ritmo
En ese contexto, el semillero aparece como una alternativa lógica para ampliar el abanico de variantes. Misael Aguirre es un extremo derecho con características que escasean en el plantel: velocidad, desequilibrio y capacidad para atacar el uno contra uno por la banda. En Reserva se destacó como un jugador vertical, capaz de romper líneas con conducción y llegar con frecuencia a posiciones de definición.
Por su parte, Santiago Grella ofrece un perfil diferente. Se trata de un volante ofensivo con buena lectura del juego, capaz de moverse entre líneas, filtrar pases y generar juego en el último tercio del campo. Su movilidad en el frente de ataque y su capacidad para asociarse pueden aportar creatividad a un mediocampo que en varios partidos se volvió previsible. Dentro del club lo consideran uno de los proyectos más interesantes surgidos del semillero, y sus primeras apariciones ya dejaron señales de su capacidad técnica.
El momento de ampliar el recambio
La discusión, entonces, no pasa por responsabilizar al entrenador ni por desmerecer a los futbolistas que hoy ocupan el banco. El problema de fondo es la falta de variantes que logren modificar los partidos. En un plantel corto, ampliar el abanico de opciones no siempre implica incorporar jugadores, sino animarse a mirar hacia las divisiones inferiores.













