Así como en el pasado con Eduardo Domínguez en el banco Colón se había acostumbrado a ganar y a ser un equipo competitivo, en la actualidad se familiarizó con las derrotas y los empates alejado del espíritu competitivo que supo ostentar. El Sabalero convive con su apatía permanente que lo convierte en un equipo indolente.
Colón se debate entre la indolencia y su falta de ambición
UNO Santa Fe / José Busiemi
Colón transita un momento complicado en lo deportivo que se refleja en la muy mala campaña que viene protagonizando.
Cuesta en este último tiempo encontrar algún partido en el que Colón se llevó por delante a un rival, al menos desde la actitud. O que haya demostrado la voracidad que supo tener en el ciclo anterior. Muchas veces juega como pidiendo permiso, esperando a ver lo que propone el rival.
El Sabalero dejó de ser protagonista para convertirse en actor de reparto. Hace lo que los otros le dejan hacer, no tiene el dominio del juego, ni logra imponer condiciones. Está claro que el plantel perdió mucha jerarquía y que los refuerzos no potenciaron nada, pero más allá de eso, lo que se cuestiona es la falta de ambición.
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Aún con limitaciones, hay otros equipos en el fútbol argentino que demuestran más autoridad a la hora de jugar los partidos. Y con menos plantel que Colón hacen mejores cosas y ya no pasa por las cualidades futbolísticas, sino por las convicciones.
Precisamente el Sabalero es un equipo que no está convencido de lo que hace dentro del campo de juego. Y así sale a jugar, por lo cual los resultados están a la vista. Pasaron tres técnicos en este Torneo y ninguno logró que Colón juegue bien o desarrolle una idea.
Colón es un equipo aburguesado, que perdió el hambre de gloria que supo tener. En buena parte se explica por el recambio del plantel, pero también por aquellos referentes que se quedaron del ciclo anterior y que indudablemente no supieron transmitirle a los que llegaron el gen competitivo.
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Colón está 24ª en la tabla de 28 equipos, suma 19 puntos en 19 partidos con una efectividad del 33%. Pero más allá de la muy mala campaña que protagoniza, el problema central es que no se avizora un rumbo definido y mucho menos un proyecto deportivo a futuro.
Nadie sabe que sucederá en lo inmediato y mucho menos en los próximos meses. Habrá que ver si continúa Adrián Marini hasta fines de octubre, si se busca un DT ahora, si se lo hace para el 2023. La realidad es que en Colón la incertidumbre es moneda corriente.
El presidente José Vignatti no habla, tampoco el resto de los dirigentes y mucho menos el secretario deportivo Mario Sciacqua. Por lo cual, el mundo sabalero se nutre de los comentarios, las especulaciones y los rumores. Y en el medio está el club que navega a la deriva y con el iceberg no tan lejos.














