A 49 años de la tragedia del Arroyo Leyes

"Creí que era una muñeca pero se movió, estiré los brazos y la saqué"

El 20 de noviembre de 1970, un colectivo que se dirigía desde Santa Fe a San Javier cayó al agua. En el accidente murieron 54 personas. Pero Alicia Poncelas sobrevivió. Por entonces tenía un año. Llevaba puesta una bombachita de goma y un pescador la rescató

Lunes 18 de Noviembre de 2019

El accidente sucedió el viernes 20 de noviembre de 1970 a las 18.43. Un colectivo interurbano de la empresa Helvecia había salido de la ciudad de Santa Fe a las 18 rumbo a San Javier, sobrecargado de pasajeros, muchos de ellos eran niños que volvían de la escuela.

Pese a la gran experiencia del chofer, que ya había recorrido cientos de veces aquel camino, el autobús se fue contra la baranda mientras cruzaba el puente de Arroyo Leyes y cayó a las aguas. De las 60 personas que viajaban, murieron 54.

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Pero hubo dos protagonistas excluyentes de esta historia: "El Tata" Joaquín Héctor Escobar y Alicia Beatriz Poncelas, que hacía algunos días había cumplido un año. Cuando la madre de Alicia vio que el colectivo caía a las aguas turbulentas del arroyo Leyes, abrió la ventanilla del colectivo, sacó a la nena afuera y la arrojó al agua, porque se dio cuenta de que era la única remota posibilidad de salvar a su beba de una muerte segura.

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Los protagonistas. Alicia Beatriz Poncela y "El Tata" Joaquín Héctor Escobar.

El Tata Escobar vio lo que pasaba, sacó de la costa una canoa ajena y se fue a rescatar a todos los que pudiera; entre las cosas flotando que vio, estaba Alicia, pero en un primer momento pensó que era una muñeca.

Fue justo en ese instante cuando la pequeña comenzó a mover sus bracitos, y si bien era cierto que se trataba de una muñeca, era de carne y hueso, y provindencialmente salvada por Escobar: “Pensé que era una muñeca, pero se movió, estiré los brazos y la saqué”, contó conmovido durante una entrevista que concedió a Diario UNO de Santa Fe en 2007.

Reencuentro con emociones

Durante el reencuentro hace 12 años a partir de una iniciativa de este medio, Alicia visiblemente emocionada le agradeció al Tata el haberle salvado la vida, él le contestó que estaba tranquilo con su conciencia, que cumplió y salvó todas las vidas que pudo, que si tuviera que hacerlo otra vez no dudaría un solo instante.

Una y otra vez se confundieron en un abrazo profundo, caminaron por el mismo puente y miraron hacia abajo el mismo arroyo Leyes, con la vista fundida en sus aguas marrones que se tragaron 54 vidas hace 49 años.

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Alicia. Cuando era una beba, en uno de sus cumpleaños y a los ocho años cuando hizo la primera comunión, en Ituzaingó, en la provincia de Buenos Aires, donde vive hoy con toda su familia.
Alicia. Cuando era una beba, en uno de sus cumpleaños y a los ocho años cuando hizo la primera comunión, en Ituzaingó, en la provincia de Buenos Aires, donde vive hoy con toda su familia.

El escenario elegido para el reencuentro no podía ser otro que la casa del Tata Escobar a orillas del arroyo Leyes, donde hace 49 años se produjo la tragedia, y donde precisamente ese hombre sacó de las aguas a Alicia Poncelas, de un año y días, por entonces.

El abrazo prolongado, sentido y profundo fue el disparador del diálogo que mantuvieron frente a los familiares de ambos, debajo de un alero con parral, cuando caía el tórrido sol del mediodía.

Alicia: —¿Usted sabe que yo, desde que me acuerdo, pregunto por usted?

Tata: — ¿Y qué le pasó que nunca me pudiste encontrar? Yo siempre viví en el mismo lugar, en esta casa.

Alicia: —La hermana de mi madre, Emilia Donati, después de la tragedia me llevó a vivir con su familia a Buenos Aires. Como usted sabe yo perdí a mis padres y a mis dos hermanos mayores.

Tata: —Vos sabés que a mí me “mataron” muchas veces, y en una de esas ustedes se enteraron por habladurías nomás...

Alicia: —Pero por qué dice que lo mataron muchas veces...

Tata: —Porque siempre pasó así, a veces estuve enfermo, pero muerto nunca, gracias a Dios. Le voy a contar una anécdota: hace un tiempo llegaron bien pitucos dos distribuidores de bebidas que viven en San José del Rincón, entraron al patio de mi casa golpeando las palmas de las manos y pidiendo permiso en voz bien alta. Yo salí a recibirlos, y cuando me vieron se pusieron blancos y pálidos. Entonces les pregunté qué les pasaba, y ellos me respondieron que venían a mi velatorio, porque en Rincón les habían dicho que yo había fallecido. Entonces, como habían sido víctima de una broma de mal gusto, los invité a tomar una cerveza fresca en el patio y los tres festejamos que yo seguía vivo.

Alicia: —¿Usted se acordaba de mí y de todo lo que pasó?

Tata: —Siempre lo recuerdo, y en particular a vos, porque para todos nosotros vos seguís siendo la nena del pañal que se salvó por un milagro del cielo; la verdad es que estuve muchas veces solo en la isla apenas con un fogón para cocinar la comida, y siempre te tenía presente en mis pensamientos, yo siempre me preguntaba qué será de la vida de esa criatura.

Alicia: —¿Y ahora qué piensa?

Tata: —Y a partir de hoy voy a vivir más tranquilo, yo te veo hecha una mujer hermosa, seguís siendo la misma muñequita de carne y hueso que levantaba los bracitos en el agua, sos la mamá de dos adolescentes hermosos y tenés una hermosa vida, qué sé yo, qué más se puede pedir...

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