Cuando los dos, Alicia y el Tata, estaban sobre el puente del arroyo Leyes, en el mismo lugar por donde pasó el colectivo a través de la baranda para luego precipitarse al agua; fue el momento elegido por Alicia para preguntarle cómo se produjo el accidente, los motivos por los que el colectivo se salió del camino, en fin, para tratar de comprender cómo se produjo la tragedia que la marcó de por vida.
Los testimonios: "Desde aquí se cayó el colectivo"
Por Juan Trento
El Tata Escobar le dijo que el chofer del micro que había salido a las 18 desde la terminal de colectivos Manuel Belgrano de la ciudad de Santa Fe era un conocido de todos, que se llamaba Juan Dosse y tenía 64 años. Que según los primeros peritajes tras el accidente, Dosse había sufrido una terrible descompostura justo cuando estaba cruzando el puente.
El hombre después le siguió contando a Alicia lo que ocurrió esa lejana tarde del 20 de noviembre de 1970. Él había llegado de trabajar, estaba recién casado, y mientras dialogaba con su esposa escucharon un estruendo terrible que venía del lado del puente. Como vivían pegado al arroyo, se acercaron a la costa del río y vieron cómo se hundía el colectivo que había caído de punta.
Escobar no tenía embarcación propia, pero a las raíces de un sauce llorón estaba amarrada una canoa chica –de unos cuatro metros de largo– que era de una mujer que tenía “muy mal carácter”, pero eso no le importó. Desató la soga y se dirigió al lugar de la tragedia.
Allí vio cuando un hombre que había salido del colectivo luchaba por aferrarse a uno de los pilares lisos del puente para que no se lo llevase la corriente. Cuando se estaba hundiendo, Escobar lo sacó de los pelos y lo dejó agarrado al borde la canoa.
Después hizo lo mismo con otros tres hombres que luchaban por flotar en el remanso y poder salvar sus vidas.
Escobar contó que no los podía subir a la embarcación porque era muy chica, pero los dejaba agarrados de los bordes, para luego llevarlos hasta la costa, tal como ocurrió.
Cuando volvió a levantar la vista vio a una nena (al principio creyó que era una muñeca) que le extendió los brazos. Enseguida comprendió que era un bebé que flotaba, era Alicia, que conservaba su bombachita de goma.



















