El hambre golpea cada vez con más fuerza a los barrios de Santa Fe. La caída de los trabajos informales, la pérdida de ingresos familiares y la reducción de las donaciones complican el acceso a los alimentos y llevan a más personas a recurrir a comedores, copas de leche y ollas populares.
"Duele decir que no hay más": la desesperanza en los comedores de Santa Fe por la falta de alimentos
Desde el movimiento Los Sin Techo alertaron que crece la demanda de asistencia alimentaria por la caída de las changas y la pérdida de ingresos. Un relevamiento en 26 barrios expuso las dificultades de las familias para acceder a la comida.
Hambre en Santa Fe. La organización Los Sin Techo asiste a 4.000 personas por día debido a la caída de trabajos informales.
Así lo advirtió Andrea Cuevas, coordinadora de comedores y copas de leche del Movimiento Los Sin Techo. Según explicó, la necesidad ya no afecta solamente a los niños, sino también a familias enteras y adultos mayores que necesitan asistencia para conseguir una comida.
“Es una cosa que se recibe la ayuda, se recibe la ayuda del gobierno provincial, se recibe la ayuda nacional, pero no alcanza. No alcanza. Lo que es alimentario, la gente corre y la desesperación hoy es la comida. Es la comida, necesitan algo sólido. El pan no alcanza”, sostuvo.
Cuevas explicó que muchas veces la demanda supera la capacidad de respuesta de los espacios comunitarios y que deben asistir incluso a personas que no figuran en los listados.
“¿Qué hacés cuando te llega un abuelo con el bastoncito ahí, con la tacita, a pedirte una taza de leche? ¿Le decís: ‘No, no estás anotado’? Ese abuelo tiene hambre”, expresó.
Una red que asiste a 4.000 personas
El Movimiento Los Sin Techo sostiene una red de asistencia alimentaria en distintos barrios de la ciudad. Según Cuevas, actualmente funcionan 17 jardines que brindan desayuno y comedor de lunes a viernes, además de 32 copas de leche. En algunos de esos espacios también se organizan ollas populares.
La tarea se complementa con acompañamiento escolar, meriendas para mujeres que participan de cursos y actividades educativas y entrega de módulos alimentarios. En conjunto, la organización estima que alcanza a unas 4.000 personas.
La coordinadora describió un deterioro de las condiciones de vida que también se manifiesta en la búsqueda de comida entre los residuos.
“Hay gente comiendo en los contenedores y antes veías uno, miembro de la familia, revisando si había aluminio, algún cobrecito o algo para vender. Hoy está comiendo la familia escarbando qué hay en un contenedor, con todo lo que eso implica”, relató en diálogo con Radio EME.
“Yo lo veo, lo vivo y me duele todos los días”, agregó.
Un relevamiento expuso la gravedad del hambre
La advertencia de Los Sin Techo coincide con los resultados de un relevamiento de la campaña Santa Fe sin Hambre 2026, realizado durante julio y agosto en 26 barrios. El estudio incluyó 31 comedores y copas de leche y 426 encuestas.
Según los resultados difundidos por la organización Fuerza Común, el 50% de las familias consultadas manifestó que habitualmente pasa un día entero sin comer. El informe también indicó que una de cada dos personas encuestadas señaló que, sin la asistencia del comedor, no tendría garantizada una ración diaria de alimentos.
Los datos corresponden a las personas y espacios relevados y no representan necesariamente a la totalidad de las familias de la ciudad.
Menos changas y más necesidad
Cuevas vinculó el aumento de la demanda con la caída de los trabajos informales, una fuente de ingresos fundamental para numerosos hogares.
“Bajó la changa. Porque la clase media, que es la que daba la changa, la que te daba para cortar el árbol, el pasto, que le barras la vereda, la empleada doméstica la llamaba cuatro días y ahora capaz que la llama uno cada quince. Todo bajó, y repercute en el más pobre, repercute en el que menos”, explicó.
La reducción de tareas ocasionales, como cortar el pasto, podar árboles, barrer veredas o realizar trabajos domésticos, limita los ingresos de quienes dependen de esas actividades para subsistir. A eso se suma la menor posibilidad de obtener dinero mediante la recolección y venta de cartón y otros materiales.
En ese contexto, las familias tienen cada vez más dificultades para comprar alimentos y necesitan recurrir con mayor frecuencia a los espacios comunitarios.
“Me duele tener que decir que no hay más”
La demanda creciente también impacta en quienes sostienen los comedores. Cuevas contó que, aunque intentan responder a las necesidades que reciben, muchas veces los recursos se terminan y deben comunicar que ya no queda comida disponible.
“Terminás siendo malo, terminás poniéndote, como decía mi abuela, cara de perro. Porque, ¿cómo le das corte? A mí me duele, pero tengo que decir ‘no hay más’. Y soy yo la que tengo que decir ‘no hay más, no alcanza’”, relató.
También se refirió a la situación de quienes deben hacer fila para recibir un plato de comida.
“Es humillante ir con un tupper, hacer cola, esperar que te den un plato de comida. La necesidad básica del ser humano la tenés que ir a buscar”, afirmó.
Caen las donaciones y crece la necesidad
El funcionamiento de la red depende de aportes de programas nacionales, asistencia del Gobierno provincial y donaciones particulares. Sin embargo, Cuevas advirtió que disminuyeron las contribuciones de personas que colaboraban habitualmente.
En ese escenario, remarcó que incluso los aportes pequeños pueden ayudar a completar las comidas que se preparan en los distintos espacios.
“Todo sirve, todo suma, todo ayuda. Si vos me decís: ‘Yo tengo dos de arroz’, capaz que no alcanza para una copa de leche, pero capaz que alcanza para hacerle un arroz con leche el sábado a los de primero de primaria, que son menos”, ejemplificó.
Quienes quieran colaborar con el Movimiento Los Sin Techo pueden acercarse al Colegio Mayor Universitario, ubicado en San Jerónimo 3328, donde se reciben y organizan las donaciones para distribuirlas en los barrios.



















