Unión

La pasión oculta y mejor guardada de Leonardo Madelón

El entrenador de Unión habla de su devoción por la Fórmula 1, la preparación para liderar y el convencimiento de que el fútbol solo debe ser una parte de la vida de los protagonistas de cada fin de semana.

Jueves 08 de Agosto de 2019

El despertador da el aviso, ya es hora. Aunque a la noche le queda un buen rato para seguir siendo, se levanta y con sigilo prepara el mate. La pantalla del televisor se enciende y lamenta no poder subir el volumen. “No hay nada como escuchar los motores, me fascina ese sonido”, le cuenta Leonardo Carol Madelón a Enganche. El entrenador de Unión es un ferviente seguidor de la Fórmula 1 y no importa si las carreras son de madrugada, él está ahí, frente a la pantalla para concentrarse en los planes trazados por las escuderías y las maniobras de los pilotos.

De la misma forma que reconoce a cualquier jugador del fútbol argentino con apenas una seña, identifica con precisión a cada uno de esos hombres ocultos en sus cascos y trajes ignífugos. “Me gusta disfrutar de todo el programa del fin de semana, porque si tengo tiempo y el fútbol me lo permite, además de las carreras veo las pruebas y la clasificación, que es donde se empiezan a ganar las carreras. Voy anotando los tiempos y calculando qué es lo que puede pasar. Este año Red Bull y Ferrari vienen bien en las pruebas, pero en la clasificación Mercedes Benz viene marcando la diferencia, sobre todo con Lewis Hamilton, que tiene una firmeza terrible que después demuestra en las carrera”, marca al detalle.

El centro porteño está envuelto un frío aguacero, pero el lobby del hotel en el que se hospeda la delegación tatengue es un elegante refugio. “Levantamos el perfil”, bromea. Anteriormente, la concentración porteña del conjunto santafesino era en otro lugar y el cambio coincidió con una seguidilla de malos resultados. “Algunos querían volver al hotel anterior, por cábala, pero yo no creo que esas cosas, no les doy importancia”, explica con una tranquilidad que trabajó para moldear como un aspecto relevante de su personalidad.

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A la noche lo espera un partido importante, pero Madelón de todas maneras se abre a una charla en la que la que habla de su pasión por la Formula 1, la continua preparación para la conducción de un plantel, la meta de liderar un proyecto deportivo, el camino que recorrió desde el retiro como futbolista hasta el estreno como DT y la convicción de que la vida de los que están en el fútbol no debe enfrascarse en la pelota.

-¿Cuál fue el primer contacto con la Fórmula 1?

-El Gran Premio de Argentina de 1974, cuando el Brabham del Lole Reutemann se quedó sin nafta a faltaba de menos de media vuelta para ganar la carrera. Ese fue el primer aspecto emotivo que me marcó y me acercó a la Formula 1. Hubo otras dos circunstancias que también me generaron un gran impacto, que fueron el incendio del auto de Niki Lauda, sobre todo, y la muerte de Giles Villeneuve.

-¿Un domingo ideal es con fútbol y Fórmula 1?

-Sí, seguro. Si un domingo a la tarde jugamos con Boca pero a la mañana hay una carrera, la veo. La Fórmula 1 para mí es algo fenomenal, desde chico que la sigo. La descubrí, como un montón de gente de mi generación, por Reutemann; y también seguía mucho a Lauda, James Hunt y John Watson. Después admiré la inteligencia de Alain Prost, la audacia de Ayrton Senna y todo lo que hacía Michael Schumacher, que me encantaba. De los actuales me gusta mucho Sebastián Vettel, que es un gran estratega, y lo que ya hacen con 21 años Max Verstappen y Charles Leclerc. Soy hincha de Ferrari y me enojo cuando las cosas no salen bien, pero me dura poco.

-¿En Santa Fe tuviste la chance de hablar con Reutemann alguna vez?

-Sí. Es una persona que desde hace un tiempo decidió encerrase en un caparazón, no es alguien a quien se lo vea por la ciudad sino que más bien se volvió alguien ermitaño. Un día pasé por la puerta de su casa y estaba cortando el pasto en la vereda, lo saludé y me asombró que me haya reconocido, que supiera que era el técnico de Unión. Me resultó emocionante. Es una persona osca, pero cuando empieza a hablar no para, y nos quedamos charlando mucho, de política y de automovilismo.

-¿Alguna vez fuiste a un Gran Premio?

-No, es algo que me debo. Ni siquiera estuve en los de acá cuando la Fórmula 1 volvió esos cuatro años en los 90. Alguna vez estuve por ir a Interlagos, pero al final tampoco viajé. Pasa que me sucede alguno similar a lo que me ocurre en Mundiales, que los disfruto más por la tele porque miro todos los partidos al detalle. Me atrae todo el show que se monta en la Formula 1.

-¿Te hubiese gustado ser piloto?

-Tengo un corredor frustrado adentro; sí, me hubiese gustado dedicarme a eso. Pero soy alguien que maneja con cuidado, ando mucho en las rutas y hay que tener conciencia del peligro que implica la velocidad. Admiro mucho a los pilotos por cómo se juegan todo en un circuito. Deben sentir un poder especial arriba de esas máquinas que van a más de 300 kilómetros por hora, y seguramente haya algún grado de inconsciencia o de retención del temor.

-¿Seguís algún otro deporte?

-Además del fútbol y la Fórmula 1 también me gusta el tenis, lo veo y juego con mis limitaciones. Pasa que a los futbolistas nos cuesta jugar al tenis porque somos ansiosos y nos cuesta entender que hay que tener paciencia para capaz tener que pasar la pelotita ocho o diez veces antes de querer hacer el punto. No es como cuando la pelota te queda adelante del arco. Además de jugar, también me gusta mirar tenis; estoy pendiente de los Grand Slams.

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-Siendo dos actividades tan diferentes, ¿encontrás algún puente entre el fútbol y la Fórmula 1?

-Alguna vez Prost dijo “yo gané 51 carreras prestando atención a los detalles” y una vez en una charla técnica antes de un partido muy importante lo cité para explicarles a los jugadores que los pequeños detalles son los que posibilitan grandes resultados. La concentración y la audacia también se pueden transpolar al fútbol, como la coordinación y el trabajo en equipo que hace que haya 30 personas para cambiar cuatro ruedas y cargar combustible.

-¿La Fórmula 1 y el tenis son momentos de dispersión en una tarea tan demandante como la del entrenador de fútbol en Argentina?

-Tiene que ver con el autocontrol. La vida hay que aprender a vivirla, de eso se trata. Nosotros tenemos familia, yo no acepto cuando alguien dice que vive todas sus horas para el fútbol y si pierde está dos días sin querer que le hablen. Eso es un error grande. Hay valores y momentos que hay que cuidar. Yo no puedo llevar a mi casa mis problemas; jamás con mis hijos metí un resultado adentro de mi casa, nunca me pasó de llegar con mala cara, de no querer hablar o de quererme ir a la cama sin comer y compartir un momento. El fútbol es una parte de la vida, no es la vida.

-En 2015 tuviste un inconveniente de salud por el setress del fútbol.

-Sí, un llamado de atención que me hizo entender que hay que cuidar la salud. A partir de ahí empecé a cambiar algunas cosas, a saber qué debo comer, cómo debo descansar. Es cierto que la nuestra es una profesión estresante, pero en el único lugar que no hay estrés es en el cementerio.

Ese entrenador que ponía al fútbol más allá de una cancha de entrenamiento y un estadio colmado detectó enseguida al futbolista que entendía su profesión más allá de la pelota. La táctica, la técnica, el desarrollo físico y la preparación de los partidos eran imprescindibles, pero también había más. Abrirse a nuevos conocimientos para aplicarlos a la tarea puntual. Tras una práctica de aquel San Lorenzo de 1987, Bora Milutinovic le dio a Madelón dos libros y le anticipó que esa lectura lo ayudaría con una nueva perspectiva.

Los ejemplares que le había dado el serbio eran Tus zonas erróneas y La actitud mental positiva. A los 24 años los leyó y comenzó a sacarles rápido provecho desde un cambio de actitud frente a distintas problemáticas. “Pero recién después de los 40 puede interpretar bien aquellas enseñanzas”, reconoce.

-Siempre se te ve tranquilo, como ahora pese a que te espera un partido importante

-Cuando nos tocó jugar aquella promoción con Gimnasia, todos se asombraban de lo tranquilo que estaba en una situación así. Falta nada y teníamos que hacer dos goles. Yo confiaba en el equipo. Los hicimos y mantuvimos la categoría.

-Llevás muchos años de trabajo como entrenador, ¿lo tomás como un reconocimiento a tu trabajo?

-No es fácil mantenerse tanto tiempo, yo me siento valorado por el medio. Las cosas van cambiando, las exigencias y los tiempos mutaron; antes salían campeón eso te podía garantizar varios años de trabajo, hoy te tal vez salís campeón, al año siguiente no te va bien y se ponen en dudas muchas cosas.

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-¿Y qué se puede hacer contra eso?

-Hay que aggiornarse permanentemente, adaptarse. Es importante saber utilizar el lenguaje; yo me interesé, por ejemplo, en leer bastante de programación neuroligüística, de liderazgo, de entender la comunicación corporal. Hay que jugar con el cerebro, desarrollar las capacidades que todos tenemos.

-¿Te ves mucho más tiempo dirigiendo?

-A mí me gusta mi trabajo y lo voy a seguir haciendo mientras sienta que puedo brindarle algo a un equipo, a un grupo de jugadores y a cada uno de ellos individualmente. Si solo pensás en seguir dirigiendo por el dinero, las cosas no funcionan.

-¿Imáginás algo después de la etapa de entrenador?

-Me gustaría gestionar un proyecto deportivo. Estoy seguro que mi personalidad, mi forma de ser y el camino que recorrí se amolda bien a esa tarea. Un proyecto es focalizar en las necesidades, en lo que hace falta y en el modo de conseguir lo que se busca con un desarrollo integral. Tengo una mirada de las cosas que permite ver más allá.

-¿Cuándo eras jugador también la tenías?

-Sí. Yo fui un futbolista 5 o 6 puntos, pero era un jugar de equipo, en un equipo con figuras como aquel de San Lorenzo. Creo que ya era un poco técnico, me gustaba la estrategia y además de lo que me tocaba a mí, sabía qué tenía que hacer cada uno de mis compañeros. Por eso a mí me gustan los jugadores versátiles; para eso hay que convencer al jugador que es parte de un equipo, que es una pieza más, que es la relación de caja de un auto de Fórmula 1.

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-¿Es difícil convencer al jugador de eso?

-Lo tenés que lograr. El mejor edificio del mundo no se hace con 500 arquitectos, se hace con arquitectos, ingenieros, obreros, electricistas, camioneros. Gracia fue campeón del mundo en Rusia y su centrodelantero, Giroud, jugó los siete partidos y no hizo ningún gol, pero jugó para el equipo.

-¿Te costó el retiro?

-Dejé a los 31 años porque me di cuenta que ya no iba a poder rendir más, que me iban a putear. No es fácil asumirlo, pero tenía una contención familiar muy buena. Estuve dos años y medio sin trabajar. Decidimos con mi esposa que con el dinero que había guardado, porque había salida pero no ingreso de plata, la prioridad era la educación de nuestros hijos. Lo más fácil para mí era volver a Cafferata con mi familia, pero hicimos el esfuerzo de instalamos en Buenos Aires. Entendí que acá estaba todo, algo que es difícil de asumir. En ese tiempo me junté con Bilardo, Menotti, Bianchi, Veira… Charlaba con todos los técnicos que podía, veía entrenamientos, y así me fui sacando al jugador.

-Cómo hizo Milutinovic con vos, ¿les das libros a los jugadores?

-Sí, y los leen; pero no sé cuánto logran asimilar, por una cuestión lógica de la edad y porque están en otra cosa. Pero estoy seguro que dentro de algunos años, como me pasó a mí, les van a caer esas fichas y les va a servir. Intento ser todo lo docente que pueda. A final, buscar ayudar a un jugador, a cualquier persona con la que tratamos en nuestra vida cotidiana, es lo que queda.

Fuente: Enganche

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