Colón

Colón no entendió nunca que la gloria no se mancha

En seis meses Colón fue acumulando fracasos deportivos que tuvieron como responsables a los dirigentes, al técnico y a los jugadores

Jueves 07 de Julio de 2022

Lo más fácil y simplista sería decir que Julio César Falcioni es el gran responsable del fracaso de Colón. Está claro que el técnico falló más de lo que acertó y que nunca logró darle al equipo una identidad, ni tampoco funcionamiento. Pero la realidad indica que tanto los dirigentes como los jugadores, son artífices de este presente calamitoso.

Los números de Falcioni son realmente muy pobres, de los 30 partidos que dirigió apenas sacó el 40% de los puntos. Y con la derrota frente a Talleres quedó eliminado de la Copa Libertadores, como antes de la Copa Argentina y en el Torneo Binance apenas suma cinco puntos y se ubica en la 22ª posición.

Está claro que se trata de un ciclo cumplido y que lo más lógico es la salida del entrenador. A Falcioni se le puede reprochar el armado de algunas formaciones, los cambios tardíos, la ausencia de una identidad. La falta de respuestas durante los partidos, para mejorar al equipo. Y la ubicación de algunos futbolistas en posiciones no habituales.

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Y es que además la vara quedó muy alta luego de la renuncia de Eduardo Domínguez. El plantel estab acostumbrado a una forma de jugar, que varió drásticamente con la llegada de Falcioni. Y la sensación es que los jugadores nunca estuvieron cómodos con la idea del nuevo cuerpo técnico.

Falcioni no supo llegarle a los jugadores y eso se observó en la mayoría de los partidos. Ahora habrá que decir, que los futbolistas, a excepción de los encuentros de la Copa Libertadores, hicieron muy poco. Claramente se advirtió una actitud distinta cuando jugaron las competencias locales.

No es culpa del DT que la mayoría de los goles que le hicieron a Colón fue por errores muy puntuales. Ni tampoco que los delanteros desperdiciaran infinidad de situaciones propicias para convertir. Hubo partidos en donde el equipo fue muy superior a sus rivales, pero falló en las áreas.

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Jugadores que reclamaron titularidad, como por ejemplo Paolo Goltz y después en la cancha no lograron fundamentar su reclamo. O la casi imposición para que el Pulga sea titular después de la lesión, demostrando cuando le tocó jugar que no está en su mejor versión.

Goles imposibles de errar, por parte de Lucas Beltrán y de Wanchope Ábila, más allá de los que convirtió. Jugadores que se bajaron del barco antes de tiempo. Y otros que llegaron y no demostraron sus condiciones. Como así también futbolistas que se lesionaron al poco tiempo de llegar.

Ni hablar del partido ante Patronato, en donde no hubo actitud y de los seis penales que pateó erró cuatro y quedó eliminado contra una formación alternativa. Ese día Falcioni juntó como todos le pedían a Facundo Farías, Pulga Rodríguez y Wanchope Ábila. Y el equipo fue un desastre, generando casi nada en ataque.

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Pero de esta debacle son también responsables los dirigentes encabezados por José Vignatti. En un año desarmó el plantel campeón. Se fueron jugadores que no le dejaron ni un peso a la institución. Le renunció el técnico campeón y anunció la llegada de un DT con un estilo parecido y terminó llegando Falcioni.

No hubo una idea clara en relación a la conformación del plantel. Oficializó a Mario Sciacqua como secretario deportivo pero las decisiones continuaron siendo suyas. Apuntó a la renovación de jugadores y demoró las negociaciones sabiendo que era imposible que continuarán. Caso Lértora y Aliendro.

Después de un mes y medio de la apertura del libro de pases, había sumado al lateral derecho de Platense (Augusto Schott), a un carrilero de Banfield (Juan Pablo Álvarez) y al volante central suplente de Sarmiento (Julián Chicco). Es decir que afrontó los octavos de final con un plantel de menor jerarquía.

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Porque llegaron esos tres, pero en los octavos no pudo contar con Burián, Aliendro y Beltrán, tres jugadores que cuando estuvieron a disposición fueron titulares. Es decir, que en vez de potenciar al plantel, lo debilitó en función de los nombres que se fueron y los que se sumaron.

Por otra parte, los tres jugadores mencionados se fueron de un día para el otro, cuando siempre se aseguraba que jugarían los octavos de final para Colón. Incluso se marcharon sin despedirse en la cancha y ante los hinchas. La última imagen del arquero más importante de la historia de Colón, fue en la derrota ante Lanús.

Y en el caso de Aliendro, de los jugadores más determinantes en la historia del Sabalero, la última postal es el penal errado ante Patronato. Ambos jugadores merecían una despedida acorde a lo que fueron. Pero desde la dirigencia nunca aclararon la situación, ni la marcha de las negociaciones.

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Así las cosas, Colón a un año de ser campeón, perdió prestigio. Y no supo defender el lugar de privilegio que alcanzó el 4 de junio. De aquel equipo destacado por todo el fútbol argentino, no quedó nada. Hoy es uno más, que se debate en sus carencias y continuos tropiezos.

En Colón nadie entendió cómo aprovechar el envión que significa la obtención de un título. Siguieron andando como si nada hubiese pasado. Como si esa estrella no hubiera asomado en el firmamento rojinegro. Y las consecuencias están a la vista. Diego Maradona inmortalizó aquella frase de "La pelota no se mancha". Colón debería acuñarla y cambiar una palabra: "La gloria no se mancha".

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