La derrota ante Independiente no solo significó la eliminación de la Copa Argentina. También bajó el telón de un semestre con muchas lecturas para Unión y abrió un compás de espera que, lejos de traer tranquilidad, deja un frente a decisiones necesarias y urgentes.
El plantel de Unión ya entró en vacaciones y ahora comienza otro partido
Con el plantel licenciado, Unión entra en un receso con incertidumbre: la continuidad de Leonardo Madelón, una limpieza y la exigencia de un salto de calidad
Por Ovación
Prensa Unión
Mientras los jugadores ya disfrutan de sus vacaciones hasta el 15 de junio, puertas adentro empieza otro campeonato: el de las definiciones. Porque el Tate entró en pausa en la cancha, pero aceleró en los escritorios.
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Temas por resolver en Unión
El foco principal apunta directamente a Leonardo Madelón. Hoy nadie puede garantizar su continuidad. El entrenador necesita descansar, despejarse y pensar. Lo dijo varias veces. Pero detrás del cansancio también hay un mensaje profundo: no alcanza solo con sostenerse. El DT pretende un equipo que le permita competir de verdad y no sobrevivir cada torneo reinventándose con lo justo.
Luis Spahn intentó bajarle tensión a la cuestión económica y aseguró que el dinero no será un obstáculo. Sin embargo, el problema parece ir mucho más allá de los números. Madelón quiere señales futbolísticas, un proyecto serio y un plantel con más respuestas. Ya no alcanza con apostar al campeonato económico, más allá de que la última vez que Unión le salió mal con Cristian González.
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En paralelo, Unión empieza a preparar una inevitable depuración. Nicolás Palavecino tiene un pie afuera y todo indica que no seguirá después de finalizar su contrato (llegó a préstamo sin opción de compra). Emiliano Álvarez también quedó en zona de incertidumbre, ya que su cesión termina el mes que viene y todavía no hay certezas sobre su futuro.
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Pero eso no sería todo. Hay futbolistas que ya saben que corren desde atrás y difícilmente continúen. Los casos de Claudio Corvalán y Enzo Roldán aparecen entre los más sensibles y no se descartan rescisiones para descomprimir un plantel que necesitará renovación y oxígeno. Por eso, el receso tatengue tiene poco de descanso real.
















