El 4-0 ante Gimnasia de Mendoza parecía haber devuelto confianza y alivio a Unión, pero apenas cuatro días después, en Santiago del Estero, quedó en evidencia que esa goleada fue solo un espejismo. Frente a Central Córdoba, el equipo de Leo Madelón se mostró apagado, lento y sin chispa.
Unión, en modo off: el tropiezo de Santiago del Estero que enciende las alarmas
Unión dio un paso en falso (otro) en el inicio del Apertura, tras caer ante un flojo Central Córdoba. Imagen preocupante del equipo de Leo Madelón.
Por Ovación
Pero también se notó una merma física que se evidenció en cada pase, cada marca y cada carrera. La intensidad que suele definir al Tate brilló por su ausencia y la sensación fue que los jugadores habían quedado pagando en el desgaste.
Una propuesta que no le funcionó a Madelón en Unión
La apuesta del entrenador de esperar al rival y salir a contragolpear no estaba mal sobre el papel. Ante Lanús, la presión alta había generado errores y desequilibrio; esta vez, sin embargo, la estrategia naufragó.
El equipo nunca pudo ser contundente, los últimos metros se convirtieron en un laberinto de imprecisiones, decisiones tardías y pelotas mal entregadas. Más allá de un cabezazo en el final de Marcelo Estigarribia, el equipo no tuvo argumentos para inquietar a Central Córdoba y terminó sufriendo la derrota más de lo esperado.
Los duelos individuales fueron otra postal preocupante. Salvo algunos pasajes de Mauro Pittón y Rafael Profini y una gran intervención de Matías Mansilla, el resto del equipo perdió casi todo: Maizon Rodríguez regaló un mano a mano peligroso, Bruno Pittón falló en la marca del gol, y Lautaro Vargas sigue lejos del nivel que mostró en 2024 y 2025.
Los cambios llegaron tarde: Santiago Grella y Misael Aguirre entraron con la intención de darle aire al equipo, pero nunca pudieron modificar el ritmo ni el ánimo de un grupo que terminó abatido. En tanto que la pregunta sigue flotando en el aire, ¿por qué no hubo una nueva oportunidad para Diego Armando Díaz que venía de marcar ante Gimnasia (M)?
Un equipo inconexo en ofensiva
En ofensiva, la desconexión fue alarmante. Los centrodelanteros corrieron, lucharon, pero no se entendieron nunca; Cristian Tarragona, que venía en un gran momento, quedó aislado y sin apoyo. La sorpresa y el desequilibrio que solía generar Unión en ataque desaparecieron, y los rivales encontraron espacios que antes estaban bien controlados.
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Este tropiezo deja una lectura clara: el equipo no está preparado para jugar con doble exigencia en pocos días, y la planificación física y táctica debe ser replanteada. La derrota ante Central Córdoba no solo corta la racha positiva, sino que muestra que el Tate puede caer en un pozo de mediocridad si no recupera intensidad, precisión y coordinación.
Ahora queda un desafío inmediato: San Lorenzo, el próximo viernes a las 22:10, será la prueba de fuego. Más allá de los nombres y del resultado anterior, Unión necesita recuperar su identidad, esa intensidad que lo caracteriza y que lo hace peligroso. Si no lo logra, la alarma no solo será para un partido, sino para todo el inicio de la Zona A del Torneo Apertura. Este tropiezo no puede ser un golpe aislado; tiene que ser un toque de atención para Madelón y su plantel, porque el tiempo para corregir errores y recuperar la contundencia se acorta día a día.
















